China acelera la búsqueda de alternativas a la soja para reducir su dependencia de Estados Unidos
El banco suizo bajó su objetivo para el índice a 7.000 puntos para junio y a 7.500 para diciembre de 2026, aunque mantuvo sin cambios su estimación de utilidades y su visión positiva sobre las acciones estadounidenses.
En los márgenes de una granja porcina de Taizhou, a dos horas de Shanghái, dos estanques de apenas cuatro metros de lado concentran lo que podría ser una solución estratégica para China: reducir a la mitad el uso de soja en la alimentación animal. Allí se fermenta un compuesto de insumos locales —salvado, tallos de calabaza y restos de vino— en un proceso similar al del yogur, que descompone las proteínas y facilita su digestión, disminuyendo la necesidad de recurrir a la oleaginosa, según relevó Ámbito.
El impulso oficial a estas alternativas se intensificó en marzo del año pasado, en paralelo con el recrudecimiento de las tensiones comerciales con Estados Unidos durante el segundo mandato de Donald Trump. «El principal objetivo de la política nacional hoy es reducir el uso de harina de soja», explicó la analista Fu Zhenzhen, quien señaló que la guerra comercial con Washington es el motivo más directo detrás de esta decisión.
Los números ilustran la magnitud del desafío. China, principal comprador global de soja, importó en 2024 unos 52.700 millones de dólares de esta oleaginosa, de los cuales 12.000 millones provinieron de Estados Unidos. Ese mismo año, los envíos totales alcanzaron un récord de 111,8 millones de toneladas. Frente a eso, los piensos fermentados ya representan el 8% del total industrial —frente al 3% en 2022— y podrían trepar al 15% hacia 2030, lo que permitiría reducir las importaciones en más de un 6%.
La estrategia replica, en el plano agropecuario, el enfoque que Pekín viene aplicando en sectores como los microchips o la inteligencia artificial: fortalecer capacidades propias para reducir la exposición a restricciones externas. Grandes compañías del sector ya lograron disminuir el uso de harina de soja mediante aminoácidos sintéticos y nuevas fuentes proteicas fermentadas, e incluso empresas extranjeras comenzaron a invertir en el desarrollo de estas tecnologías, en un mercado que crece a ritmo acelerado.
Sin embargo, la transición no está exenta de dificultades. Muchos productores enfrentaron problemas iniciales, como la aparición de moho en los alimentos, lo que derivó en pérdidas y el abandono del sistema en algunos casos. Para contener ese riesgo, el gobierno despliega incentivos a lo largo de toda la cadena productiva. Pero persisten interrogantes más profundos: especialistas advierten que la falta de estandarización en los procesos puede afectar el crecimiento de los animales y su resistencia a enfermedades. Y mientras el gobierno prioriza la reducción de costos, algunos expertos sostienen que el desafío será equilibrar esa meta con la salud animal y la calidad final de la carne de cerdo, alimento básico en la dieta china.