China busca ocupar el vacío global mientras la ofensiva de Trump tensiona a sus aliados
En el Foro de Davos, Beijing se mostró como una potencia estable y defensora del multilateralismo, en contraste con la política exterior confrontativa del presidente estadounidense. El mensaje chino empieza a encontrar eco entre socios históricos de Washington.
Mientras Donald Trump ultimaba su llegada al Foro Económico Mundial con advertencias a sus aliados y declaraciones que sacudieron el tablero diplomático, China aprovechó el escenario internacional para proyectarse como una alternativa de liderazgo global más previsible y dialoguista. En Davos, el contraste entre ambos enfoques quedó expuesto ante una audiencia cada vez más atenta a los cambios en el equilibrio de poder.
Pocas horas después de nuevas tensiones impulsadas desde Washington, el viceprimer ministro chino He Lifeng tomó la palabra para reforzar el discurso de Beijing a favor del multilateralismo, el libre comercio y la cooperación internacional. Según sostuvo, el gigante asiático promueve una visión de “futuro compartido” basada en el consenso y la solidaridad, en oposición a la confrontación entre bloques.
Las declaraciones se dieron en un contexto marcado por la expectativa ante la llegada de Trump a Davos y reflejan una estrategia sostenida de China: presentarse como un actor calmo, racional y confiable frente a una política exterior estadounidense caracterizada por movimientos bruscos e imprevisibles. Analistas internacionales, citados en informes recientes de medios como CNN, coinciden en que Beijing busca capitalizar el desgaste de la credibilidad norteamericana.
Desde hace años, el presidente Xi Jinping impulsa la idea de reformar un orden mundial que considera dominado por Estados Unidos y sus aliados. En los círculos de poder chinos, la lógica es clara: no hace falta acelerar cambios, sino mantener el rumbo mientras Washington erosiona sus propias alianzas.
Ese escenario comienza a mostrar señales concretas. En Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, sorprendió al cuestionar el concepto de un “orden internacional basado en reglas” y aludir a prácticas asimétricas de las grandes potencias. Si bien no se trató de un respaldo explícito a China, su discurso se alineó parcialmente con la narrativa que Beijing promueve desde hace tiempo.
Días antes, Carney había viajado a China para relanzar la relación bilateral, anunciar una asociación estratégica y flexibilizar aranceles sobre vehículos eléctricos chinos. Otros aliados tradicionales de Estados Unidos también exploran vínculos más estrechos con Beijing, como una forma de resguardarse ante la incertidumbre generada por Washington.
El Reino Unido, por ejemplo, avanzó recientemente en una mayor interacción con China, aprobando incluso la construcción de una nueva megaembajada en Londres. Estos movimientos responden a una lógica pragmática, en la que la presión estadounidense sobre la OTAN y el comercio global obliga a redefinir viejas alianzas.
Todo esto ocurre pese a las preocupaciones persistentes sobre las ambiciones de China, desde su creciente superávit comercial —que alcanzó cifras récord— hasta sus reclamos territoriales, especialmente en torno a Taiwán. Aunque líderes europeos como Emmanuel Macron advirtieron sobre estos desequilibrios, la agenda de Davos estuvo dominada por el impacto de las tensiones impulsadas por Trump.
En ese contexto, He Lifeng defendió la posición china y aseguró que su país no busca ventajas desmedidas, sino asociaciones económicas mutuamente beneficiosas. Según afirmó, China se concibe como un socio comercial y una oportunidad para la economía mundial, no como una amenaza.
La recepción del mensaje fue destacada por los medios oficiales chinos, que subrayaron el respaldo del auditorio en Davos. Para Beijing, el momento parece propicio: mientras Estados Unidos enfrenta cuestionamientos de sus propios aliados, China intenta consolidarse como un referente estable en un mundo cada vez más fragmentado.