El oficialismo amplía su poder en Diputados y controla la mayoría de las comisiones

La Libertad Avanza se quedó con casi la mitad de las presidencias y, junto a aliados, domina la agenda legislativa. La oposición busca reorganizarse para ganar margen de acción.

El oficialismo logró consolidar su posición en la Cámara de Diputados al quedarse con una porción significativa de las presidencias de las comisiones, lo que le otorga una ventaja clave para definir el funcionamiento legislativo y la agenda parlamentaria. La Libertad Avanza alcanzó el control de 17 de las 35 comisiones ya conformadas, a lo que se suman 13 vicepresidencias.

Si se considera el respaldo de bloques aliados como el PRO y la UCR, el oficialismo amplía su influencia sobre los espacios de decisión, alcanzando la mayoría de los cargos que determinan cuándo y cómo se debaten los proyectos. Esta estructura le permite no solo impulsar iniciativas propias, sino también condicionar el tratamiento de propuestas impulsadas por otros sectores.

La estrategia se enmarca en una reorganización más amplia dentro de la Cámara baja, que incluyó la incorporación de legisladores de otros espacios al bloque oficialista, consolidando así la primera minoría. En paralelo, el Gobierno ya comenzó a enviar proyectos al Congreso y anticipó que continuará con una agenda legislativa activa en las próximas semanas .

Además de asegurar posiciones en comisiones clave como Presupuesto, el oficialismo avanzó sobre otras áreas sensibles, como Educación y Discapacidad, lo que le permite tener incidencia en temas de alto impacto político y social. En ese sentido, también busca quedarse con la conducción de comisiones estratégicas que aún restan conformarse.

Desde la oposición advierten que esta distribución de cargos limita su capacidad de impulsar proyectos propios y obliga a coordinar estrategias para sortear las dificultades del proceso legislativo. En particular, señalan que será necesario construir acuerdos entre bloques para alcanzar el quórum y avanzar en iniciativas que no formen parte de la agenda del Ejecutivo.

El escenario plantea un Congreso con un fuerte control del oficialismo sobre los mecanismos de funcionamiento interno, lo que redefine el equilibrio de poder y anticipa un año legislativo atravesado por tensiones en torno a la definición de prioridades y el tratamiento de proyectos.