El rebote económico no llega a las fábricas: crecimiento con poco impacto productivo en 2026

Las previsiones oficiales anticipan una suba del PBI, pero el impulso estaría concentrado en sectores con baja generación de empleo. La industria seguiría al margen de la recuperación.

Las perspectivas económicas para 2026 muestran una paradoja cada vez más visible en la Argentina: la actividad general crecería, pero sin una mejora equivalente en la industria ni en el empleo. Las últimas estimaciones internacionales proyectan una expansión del Producto Bruto Interno cercana al 4%, un registro que ubicaría al país por encima del promedio regional y mundial.

De acuerdo con esas proyecciones, la economía argentina tendría un desempeño mejor que el de varios países de América Latina, en un contexto global de crecimiento moderado. Sin embargo, detrás de ese número se esconde una dinámica poco favorable para la economía real. Gran parte del avance esperado responde al efecto estadístico tras la fuerte contracción registrada en 2024, más que a un proceso sostenido de recuperación del consumo o de la producción.

En ese marco, distintos analistas coinciden en que la industria manufacturera no será protagonista del crecimiento previsto. La actividad fabril continúa afectada por un mercado interno debilitado, la mayor apertura importadora y una demanda que no logra recomponerse. Incluso los relevamientos privados del mercado, más cautos que las proyecciones oficiales, coinciden en que el repunte no estará liderado por los sectores tradicionales.

A mitad del análisis aparece un dato clave: según surge del último informe de Perspectivas Económicas Mundiales elaborado por el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento argentino estaría explicado principalmente por ramas primarias y de servicios con escasa capacidad de traccionar empleo.

Entre los sectores que más aportarían al PBI figuran la minería y los hidrocarburos —con Vaca Muerta como eje—, el complejo agroexportador y la pesca, junto con actividades financieras y servicios regulados. La construcción podría mostrar cierta recuperación, aunque lo haría desde niveles muy deprimidos tras años de paralización de la obra pública y pérdida de puestos de trabajo.

En contraste, rubros intensivos en mano de obra como la industria, el comercio y el transporte tendrían un desempeño más débil, apenas acompañando el promedio general o incluso quedando por debajo.

Este patrón no resulta novedoso. Durante 2025, la economía logró esquivar una recesión profunda gracias al aporte del sector financiero, mientras la producción industrial siguió en retroceso. Los últimos indicadores confirman que el crecimiento agregado no siempre se traduce en más empleo ni en una mejora sostenida del entramado productivo.

Así, el desafío central hacia 2026 será convertir la expansión macroeconómica en un crecimiento más equilibrado, capaz de fortalecer la industria y generar trabajo genuino, evitando que el repunte quede limitado a pocos sectores con bajo impacto social.