La economía argentina se vuelca a los servicios y la industria pierde protagonismo

Un informe advierte que el avance de los servicios limita la capacidad exportadora y el crecimiento de largo plazo.

La estructura productiva de la Argentina viene atravesando una transformación profunda: los sectores ligados a la producción de bienes pierden peso dentro del Producto Bruto Interno, mientras las actividades de servicios ganan terreno. Este cambio, consolidado a lo largo de los últimos veinte años, plantea desafíos para la capacidad exportadora y para cualquier estrategia de crecimiento sostenido.

Un estudio reciente elaborado por el economista Jorge Vasconcelos analiza esta evolución y señala que la industria manufacturera pasó de representar cerca del 18,6% del PBI a mediados de la década de 2000 a apenas 14,1% en 2025. La contracción es aún más marcada si se observa el conjunto de los sectores transables —industria, agro, minería y pesca—, cuya participación cayó de casi 30% a menos del 24% del producto.

Dentro de ese grupo, el agro fue el único rubro que logró mantener e incluso mejorar levemente su incidencia en la economía, mientras que la minería retrocedió, a pesar de las expectativas de recuperación asociadas a nuevos proyectos de cobre y litio. La pesca continúa teniendo un peso marginal y otras actividades vinculadas, como la construcción, el transporte y la energía, también se ven condicionadas por la menor tracción de los sectores productivos orientados al comercio exterior. Según el análisis difundido por el Ieral de la Fundación Mediterránea, esta dinámica debilita el perfil exportador del país y reduce el impacto multiplicador sobre el resto de la economía.

El informe también advierte que, aunque durante 2025 los términos de intercambio resultaron favorables, esa ventaja comenzó a diluirse hacia el cierre del año y los primeros indicadores de 2026 profundizan el deterioro. Los precios internacionales de los metales muestran una mejora relativa frente al petróleo y los granos, pero los productos metalíferos todavía representan una porción reducida de las exportaciones argentinas.

A este escenario se suma una desaceleración del nivel de actividad. Si bien el crecimiento interanual acumulado fue significativo en 2025, los datos mensuales muestran una pérdida de impulso hacia el final del año. Sectores clave como el cemento y la industria automotriz reflejan esa dinámica, con caídas recientes en producción y despachos, mientras que la utilización de la capacidad instalada industrial apenas supera el 60%, muy por debajo de otros procesos de recuperación económica.

Las cuentas fiscales también dan señales de enfriamiento. La recaudación vinculada al consumo y a la seguridad social mostró mejoras en el promedio anual, pero sufrió retrocesos en los últimos meses, en línea con una economía que pierde fuerza y con una estructura productiva menos intensiva en empleo industrial.

Para Vasconcelos, recomponer salarios reales y empleo formal requiere mejorar la rentabilidad de sectores como la manufactura, la agroindustria, la construcción y el comercio, algo que depende de variables macroeconómicas clave como el tipo de cambio, las tasas de interés y la estabilidad de las reglas de inversión. En un país que acumula más de una década de estancamiento, sostiene que no es posible crecer de manera sostenida sin un mayor protagonismo de las exportaciones y de la inversión en infraestructura.

En ese marco, el informe destaca el potencial de Vaca Muerta y de la minería de gran escala, donde ya participan empresas internacionales con proyectos de relevancia global. El desafío, advierte, es lograr que estos desarrollos generen encadenamientos productivos y fortalezcan la economía “material”, en lugar de quedar aislados del resto del aparato productivo.

La discusión se conecta con un debate más amplio a nivel internacional sobre el equilibrio entre la economía de servicios y la producción física. Mientras algunos líderes ponen el acento en los recursos, la industria y la infraestructura como bases de la seguridad económica, otros priorizan la digitalización y los servicios. Para la Argentina, concluye el estudio, recuperar peso de los sectores transables en el PBI no es solo una cuestión estadística: es una condición central para salir del estancamiento, generar empleo de calidad y sostener el crecimiento a largo plazo.