El yen tocó su nivel más bajo desde 1986 y crece la expectativa por una posible intervención de Japón

La moneda japonesa superó la barrera de 162 unidades por dólar y encendió nuevas alertas en el mercado cambiario. Los operadores ahora observan la zona de 163 a 165 como el próximo umbral clave, mientras aumenta la presión sobre las autoridades japonesas para definir si volverán a intervenir.

El yen profundizó su caída frente al dólar y alcanzó su nivel más bajo desde 1986, lo que volvió a poner bajo presión a las autoridades japonesas. La ruptura del par dólar-yen por encima de 162 unidades llevó a los operadores a preguntarse cuál será la próxima línea roja que el Ministerio de Finanzas de Japón estará dispuesto a defender.

Los estrategas del mercado comenzaron a señalar los niveles de 163 y superiores como los próximos puntos a vigilar. La percepción general es que las autoridades japonesas podrían tolerar una depreciación mayor que la observada durante la campaña de intervención de 2024, cuando el gobierno salió al mercado para intentar frenar el debilitamiento de la moneda.

Según informó Bloomberg Línea, el avance hacia esos nuevos umbrales podría darse con rapidez debido al posicionamiento del mercado y a la expectativa por los datos de empleo de Estados Unidos que se conocerán esta semana. Esos indicadores podrían reforzar la fortaleza del dólar si muestran una economía estadounidense todavía resistente.

El movimiento refleja un cambio de ánimo entre los operadores, que esperaban señales más contundentes del gobierno japonés para alejar al yen de sus niveles más débiles en cuatro décadas. A su vez, el ajuste de tasas del Banco de Japón es visto como demasiado gradual para revertir por sí solo la presión bajista sobre la moneda.

“El siguiente nivel a tener en cuenta es 163”, afirmó Rinto Maruyama, estratega sénior de divisas y tasas de interés de SMBC Nikko Securities. Según explicó, la posibilidad de una intervención ya contribuyó a que el yen no se debilitara aún más tras la última reunión de la Reserva Federal.

Maruyama sostuvo que, si el yen se hubiera depreciado al mismo ritmo que otras monedas relevantes, el par dólar-yen ya estaría cotizando entre 163 y 164 unidades. Esa lectura refuerza la idea de que el temor a una acción oficial todavía funciona como un freno parcial, aunque cada vez menos efectivo.

Ikue Saito, estratega de JPMorgan Chase, consideró que el umbral para una intervención probablemente sea ahora más alto, especialmente si las autoridades deciden repetir el enfoque discreto utilizado en las operaciones de 2024. Además, advirtió que la eficacia limitada de las últimas intervenciones podría llevar al Ministerio de Finanzas a actuar con mayor cautela antes de ingresar nuevamente al mercado.

El martes, la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, y el secretario jefe del Gabinete, Minoru Kihara, reiteraron que Japón tomará las medidas necesarias en materia cambiaria cuando sea oportuno. Sin embargo, esas advertencias verbales no lograron detener la caída de la moneda, que llegó a tocar un mínimo de 162,41 en las operaciones de Tokio.

Operadores de divisas señalaron que el movimiento estuvo impulsado por compras de dólares de fin de mes y de cierre de trimestre, además del desarme de apuestas a favor de un yen más fuerte. También se habrían activado órdenes de stop-loss y barreras de opciones en torno a la zona de 162 y 162,50.

Las declaraciones recientes de Katayama fueron interpretadas como menos contundentes que las realizadas a fines de abril de 2024, justo antes de que Japón iniciara una ronda de intervenciones cambiarias sin precedentes. En aquel momento, las autoridades habían elevado el tono de sus advertencias para preparar al mercado ante una acción inminente.

En 2024, Japón gastó un récord de 11,73 billones de yenes, equivalentes a unos US$72.400 millones, para defender su moneda luego de que cayera por debajo de los 160 yenes por dólar. Según datos de las reservas del Ministerio de Finanzas, el país probablemente recurrió a sus tenencias de valores extranjeros, incluidos bonos del Tesoro estadounidense.

Sin embargo, al igual que ocurrió con las campañas de intervención de 2022 y 2024, el alivio fue temporal y el yen retomó luego su tendencia general de depreciación. Esa experiencia alimenta las dudas sobre la capacidad de Japón para sostener una defensa prolongada de su moneda si los fundamentos siguen favoreciendo al dólar.

Los analistas también miran de cerca la publicación de los datos de empleo de Estados Unidos, prevista para el jueves. Un informe sólido podría acelerar la presión sobre el yen al reforzar las expectativas de que la Reserva Federal mantendrá una postura restrictiva durante más tiempo.

Masahiko Loo, estratega sénior de renta fija en State Street Investment Management, señaló que la ruptura por encima de 162 confirma que la depreciación del yen sigue siendo un movimiento impulsado por el impulso del mercado. Para el especialista, la zona de 163 a 165 aparece ahora como el próximo objetivo técnico y psicológico clave.

El posicionamiento especulativo también juega en contra de la moneda japonesa. Los fondos apalancados aumentaron sus posiciones bajistas en yenes a 115.033 contratos en la semana finalizada el 23 de junio, cerca del nivel más alto desde noviembre de 2017, de acuerdo con datos de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos.

El Banco de Japón elevó su tasa de referencia al 1% a comienzos de junio, el nivel más alto desde 1995. Sin embargo, los operadores esperan que la Reserva Federal conserve una política monetaria relativamente restrictiva, lo que mantiene una amplia brecha de tasas entre ambos países y continúa presionando sobre el yen.

A esto se suma la preocupación de los inversores por la posibilidad de que el gobierno japonés busque que el Banco de Japón avance con cautela en nuevas subas de tasas. Esa combinación limita el margen para un endurecimiento monetario más rápido y agrega riesgos fiscales, lo que termina reforzando la venta de yenes.

Chidu Narayanan, estratega jefe para Asia-Pacífico de Wells Fargo, afirmó que los mercados probablemente seguirán testeando hasta dónde están dispuestas a llegar las autoridades japonesas. Según sostuvo, las advertencias verbales pueden estabilizar la moneda en algunos momentos, pero para sostener de manera creíble el temor a una intervención será necesaria una acción concreta.

El mercado cambiario queda así pendiente de dos factores decisivos: la zona de 163 a 165 yenes por dólar y la reacción del Ministerio de Finanzas. Si la depreciación se acelera, aumentará la presión sobre Japón para volver a intervenir, aunque la experiencia reciente muestra que el margen de maniobra oficial es cada vez más desafiante.