Súper El Niño pone en alerta al agro: qué países sufrirían el mayor impacto

Sequías, inundaciones y cambios en las lluvias amenazan cultivos, energía y alimentos, aunque el impacto será muy desigual en América Latina. Brasil y Ecuador aparecen particularmente expuestos a efectos negativos, mientras Argentina podría beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua.

América Latina enfrenta un nuevo escenario de riesgo climático ante la posible intensificación de El Niño, con efectos que podrían sentirse durante 2027 sobre la producción agrícola, los precios de los alimentos, la generación hidroeléctrica y la logística. Un análisis basado en ocho episodios registrados desde 2000 muestra impactos muy diferentes entre las principales economías de la región: Brasil y Ecuador aparecen particularmente expuestos a efectos negativos, mientras Argentina podría beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua para sus cultivos. Las estimaciones, sin embargo, presentan amplios márgenes de incertidumbre y varias no resultan estadísticamente significativas.

El contraste entre países muestra hasta qué punto un mismo fenómeno puede generar escenarios opuestos para las cadenas de valor agroalimentarias. El estudio de Goldman Sachs estima que, durante los cuatro trimestres posteriores al choque, Ecuador podría registrar un impacto de -1,85 puntos porcentuales sobre el crecimiento, mientras Brasil alcanzaría -1,21 puntos. Argentina se ubica en el extremo contrario, con una estimación positiva de 2,57 puntos. El comportamiento de las precipitaciones, la exposición del agro y la dependencia de la generación hidroeléctrica aparecen entre las principales variables que explican esas diferencias.

Del campo a los alimentos: un impacto desigual en América Latina

En Brasil, el riesgo productivo está asociado a una reducción de las precipitaciones en el norte y un incremento moderado en el sur. Esta configuración podría afectar simultáneamente la agricultura y la disponibilidad de energía: alrededor del 50% de la generación eléctrica brasileña proviene de fuentes hidroeléctricas, por lo que menores lluvias pueden reducir los niveles de los embalses. Para el agronegocio, el impacto no termina en el lote. Una menor oferta energética o daños productivos pueden trasladarse hacia costos de procesamiento, almacenamiento y logística, agregando volatilidad a las cadenas agroexportadoras.

Argentina aparece como la principal excepción dentro del escenario regional. Una mayor disponibilidad hídrica podría mejorar las condiciones de los suelos y favorecer la producción agrícola, detrás del impacto positivo de 2,57 puntos porcentuales estimado por el modelo. Mayores rendimientos también podrían generar efectos sobre el ingreso de divisas y la actividad económica durante 2027. Sin embargo, el resultado debe interpretarse como una estimación y no como una proyección asegurada: la intensidad, duración y distribución geográfica de las precipitaciones serán determinantes para conocer el efecto real sobre los cultivos y la producción agropecuaria.

En Ecuador, el principal riesgo proviene del extremo contrario: lluvias intensas, inundaciones costeras y posibles interrupciones de la generación eléctrica. Más de dos tercios de la electricidad del país proceden de fuentes hidroeléctricas, mientras su banco central calcula que un episodio fuerte de El Niño podría restar 1,4 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en 2027; bajo un escenario moderado, el impacto sería de 0,5 puntos. Las inundaciones también pueden comprometer infraestructura vial y elevar los costos de transporte, un factor crítico para trasladar productos agrícolas desde las zonas productivas hacia centros de consumo y puertos.

Perú presenta otro desafío: El Niño Costero. Aunque el impacto estimado de un episodio global sobre su crecimiento resulta prácticamente nulo, el calentamiento localizado frente a las costas de Perú y Ecuador puede provocar precipitaciones extremas e inundaciones. El modelo estima que El Niño Costero podría restar 0,26 puntos porcentuales al crecimiento peruano y afectar actividades como la pesca y la producción de harina de pescado. Chile y México, en cambio, muestran una exposición directa más limitada dentro de las estimaciones analizadas, aunque ningún mercado queda completamente aislado de los efectos indirectos sobre alimentos, energía y flujos comerciales regionales.

El segundo frente para el agro está en los precios de los alimentos. Para el conjunto de los siete países analizados, el estudio estima que El Niño podría sumar 1,40 puntos porcentuales a los precios alimentarios durante cuatro trimestres, frente a 1,04 puntos para la inflación general. De ambos resultados, solo el correspondiente a alimentos es estadísticamente significativo. El mecanismo puede combinar pérdidas de cultivos, restricciones energéticas, interrupciones de carreteras y mayores costos de transporte. Esto transforma a la variabilidad climática en un factor que atraviesa toda la cadena: desde los rendimientos y costos en origen hasta la logística, el abastecimiento y el precio final.

Para el agro latinoamericano, el desafío será gestionar escenarios que pueden ser diametralmente diferentes incluso dentro de una misma campaña. Mayor tecnificación, monitoreo climático, agricultura digital, manejo eficiente del agua, infraestructura y herramientas financieras de cobertura ganan relevancia para fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos. La magnitud definitiva del episodio todavía determinará buena parte de sus consecuencias. Por eso, más que un resultado uniforme para América Latina, El Niño plantea un mapa cambiante de riesgos y oportunidades que productores, agroexportadores y cadenas de abastecimiento deberán seguir durante los próximos meses.