Una ley desactualizada pone en jaque la innovación y la competitividad del agro argentino
Un estudio advierte que la falta de modernización en la legislación de semillas desincentiva inversiones y debilita el desarrollo tecnológico del sector agrícola.
Argentina cuenta con una reconocida capacidad productiva en el sector agropecuario, pero enfrenta un problema estructural que amenaza su competitividad futura: la persistencia de un marco legal obsoleto en materia de semillas. Así lo señala un reciente análisis académico que pone el foco en la falta de actualización de la normativa vigente y en sus consecuencias sobre la innovación y la inversión.
El estudio, desarrollado por el economista Andrés Gallo, especialista en economía y políticas de propiedad intelectual, sostiene que el país continúa regulando el sector con una ley sancionada en 1973 y bajo un convenio internacional desactualizado, lo que genera incertidumbre jurídica para quienes desarrollan nuevas variedades vegetales. Ese contexto, afirma el autor, desalienta la incorporación de tecnologías clave para mejorar la productividad agrícola.
Los datos son elocuentes: entre fines de los años noventa y 2021, la participación de empresas extranjeras en las solicitudes de registro de nuevas variedades de semillas en Argentina se redujo de manera drástica, pasando de casi el 60% a poco más del 25%. En contraste, países competidores avanzaron con esquemas legales más modernos y previsibles. Brasil, por ejemplo, multiplicó su atractivo para la inversión en este rubro, mientras que Estados Unidos consolidó un sistema de patentes que brinda mayor protección a los desarrollos tecnológicos.
Este retroceso no es meramente estadístico. Según el análisis difundido en medios especializados del sector agropecuario, como TodoAgro, la pérdida de interés de los inversores responde directamente a la ausencia de reglas claras sobre derechos de propiedad intelectual. Sin incentivos adecuados, las empresas optan por destinar recursos a otros mercados donde la innovación está mejor resguardada.
El impacto potencial es profundo. La mejora genética de semillas es uno de los pilares de la productividad agrícola y un factor decisivo para sostener rendimientos, enfrentar el cambio climático y competir en mercados internacionales cada vez más exigentes. Sin un flujo constante de innovación, el agro argentino corre el riesgo de perder posiciones frente a otros países que sí avanzan en ese terreno.
Desde esta perspectiva, la actualización de la ley de semillas aparece como una decisión estratégica más que técnica. Modernizar el marco normativo permitiría recuperar atractivo para la inversión, impulsar el desarrollo tecnológico local y fortalecer la inserción internacional del sector agroindustrial, uno de los principales motores de la economía argentina.