El sargazo alcanza niveles récord y golpea a los principales destinos turísticos del Caribe y Florida

La biomasa flotante llegó a cerca de 40 millones de toneladas métricas en mayo y 2026 podría convertirse en el año con mayor presencia de sargazo desde que comenzaron los registros satelitales. Las algas generan malos olores, altos costos de limpieza y pérdida de arena, aunque también cumplen una función ecológica clave y abren oportunidades para nuevos usos industriales.

Millones de toneladas de sargazo están llegando a las costas de Florida, Cancún, Punta Cana, Jamaica, República Dominicana y Barbados, cubriendo kilómetros de playas y afectando a algunos de los destinos turísticos más importantes del mundo.

La macroalga parda que flota en el océano Atlántico alcanzó niveles récord durante 2026. De acuerdo con las estimaciones científicas, la biomasa del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico llegó a alrededor de 40 millones de toneladas métricas en mayo, superando los máximos registrados anteriormente.

Los datos de la Universidad del Sur de Florida indican que 2026 podría convertirse en el año con mayor cantidad de sargazo desde el inicio de las observaciones satelitales. El cinturón se extiende durante miles de kilómetros, desde África Occidental hasta el Caribe, el Golfo de México y el sureste de Estados Unidos.

La llegada masiva de algas afecta directamente la experiencia de los turistas, deteriora la imagen de playas emblemáticas, dificulta el ingreso al mar y obliga a los destinos a destinar millones de dólares a tareas de limpieza y contención.

Uno de los mayores problemas comienza cuando el sargazo deja de flotar en mar abierto, llega a la costa y entra en descomposición. Durante ese proceso libera sulfuro de hidrógeno, un gas responsable del característico olor a huevo podrido denunciado por residentes, trabajadores hoteleros y visitantes.

En destinos cuya actividad turística depende especialmente del sol y la playa, el impacto es inmediato. Las acumulaciones interfieren con las actividades recreativas, generan quejas de los viajeros y obligan a reforzar permanentemente los operativos de retiro.

En lugares como Miami Beach, Quintana Roo y República Dominicana, la limpieza del sargazo ya no es considerada una respuesta extraordinaria, sino un costo recurrente dentro de la gestión turística y ambiental.

Solo en Quintana Roo, la Secretaría de Marina retiró más de 39.500 toneladas durante 2026, equivalentes a 39,5 millones de kilos. La cifra anticipa una de las temporadas de mayor intensidad registradas hasta ahora.

En Miami-Dade, los contribuyentes destinan cerca de US$4 millones anuales a retirar el sargazo de las playas. A los costos económicos se suma el desafío de organizar los trabajos sin afectar todavía más a los ecosistemas costeros.

Uno de los efectos menos visibles de las tareas de limpieza es la pérdida de arena. Cuando las algas son retiradas con maquinaria pesada, parte del sedimento queda atrapado dentro de la biomasa y termina siendo extraído de la playa.

Por esa razón, los especialistas recomiendan utilizar sistemas que minimicen la erosión y, cuando sea posible, interceptar el sargazo antes de que llegue a la orilla mediante barreras de contención y dispositivos de recolección marítima.

En Playa del Carmen, las autoridades informaron en marzo de 2025 que habían recuperado más de 7.000 toneladas de arena mezcladas con el sargazo retirado durante los tres años anteriores. El dato refleja el impacto que pueden tener los operativos masivos sobre la estabilidad de los arenales.

La gestión resulta especialmente compleja porque las costas ya están sometidas a presiones por temporales, urbanización y aumento del nivel del mar. El desafío consiste en retirar las algas sin profundizar la degradación de playas que cumplen una función ambiental y económica estratégica.

La expansión del sargazo está vinculada con una combinación de factores ambientales. Entre ellos se encuentran el aumento de la temperatura superficial del océano, que acelera los procesos biológicos, y la mayor llegada de nutrientes desde grandes cuencas fluviales, como la del Amazonas.

También influyen los cambios en las corrientes marinas y en los patrones de viento, que facilitan la dispersión de la biomasa por el Atlántico, y el incremento de nitrógeno y fósforo asociado a la actividad humana.

Los fertilizantes agrícolas y los vertidos orgánicos que llegan al mar actúan como nutrientes para estas macroalgas, favoreciendo un crecimiento más rápido y abundante.

Las previsiones para los próximos meses anticipan una temporada intensa. El Sargassum Watch System de la Universidad del Sur de Florida estima que las llegadas al Caribe y al sureste de Florida continuarán y podrían aumentar durante el verano.

Además, los organismos científicos mantienen mapas diarios sobre el riesgo de llegada a las costas, con el objetivo de anticipar episodios y coordinar tareas de vigilancia satelital, instalación de barreras y limpieza.

Pese a los problemas que genera en tierra, el sargazo no es en sí mismo una especie perjudicial. En mar abierto constituye uno de los ecosistemas flotantes más importantes del océano Atlántico.

Sus mantos funcionan como refugio, zona de alimentación y área de crianza para peces juveniles, tortugas marinas, cangrejos, camarones, moluscos y numerosos invertebrados. Para muchas especies, estas masas flotantes actúan como una guardería natural en medio del océano.

El problema aparece cuando su volumen aumenta de forma desproporcionada y llega a las costas en cantidades que los ecosistemas y los destinos turísticos no pueden absorber.

Ante este escenario, empresas y centros de investigación buscan transformar parte del sargazo recolectado en una materia prima con valor económico. En el Caribe mexicano ya existen proyectos que lo utilizan para fabricar fertilizantes, materiales de construcción, paneles aislantes, cosméticos y otros productos.

La empresa Renovare comenzó produciendo calzado con plástico PET reciclado y suelas elaboradas con sargazo. Ocean Biosphere, por su parte, procesa residuos orgánicos y algas para producir compost utilizado por hoteles ubicados entre Cancún y Tulum.

Otra iniciativa es Sarplac, que desarrolló paneles aislantes y placas de construcción reforzadas con sargazo, aunque todavía busca ampliar su escala productiva.

También se destacan los bloques conocidos como Sargablock, elaborados por Blue-Green México con sargazo deshidratado y otros materiales orgánicos. Estos productos fueron diseñados para construir viviendas de bajo costo.

De esta manera, la invasión de sargazo presenta una doble cara. Mientras genera pérdidas millonarias, problemas ambientales y dificultades para la actividad turística, también cumple una función ecológica esencial y comienza a ser aprovechada como recurso para el desarrollo de nuevos productos.

El desafío para los destinos costeros será combinar prevención, limpieza eficiente, protección de las playas y aprovechamiento económico, en un escenario en el que la presencia masiva de sargazo podría convertirse en una condición cada vez más habitual.