Argentina: Proyectan hasta 90% más lluvias en un mes clave para la cosecha y la siembra
Un algoritmo de la Bolsa de Comercio de Rosario anticipa que diciembre podría concentrar el mayor exceso de precipitaciones del fenómeno de El Niño, justo cuando coincidirán la cosecha de trigo con la siembra de soja de segunda y maíz tardío.
El fenómeno de El Niño ya está instalado y todo indica que irá ganando intensidad durante la primavera, pero si hay un mes que concentra las mayores señales de alerta para la campaña agrícola 2026/27, ese es diciembre, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario difundido por TodoAgro. La región núcleo podría recibir hasta un 90% más de precipitaciones que lo habitual durante ese mes, y ese exceso de agua coincidiría con una de las ventanas de trabajo más exigentes del calendario agrícola: cosecha de trigo, siembra de soja de segunda y maíz tardío. El desafío, entonces, podría no ser conseguir humedad para los cultivos, sino encontrar suficientes días secos para poder trabajar.
La estimación surge de la actualización de un algoritmo desarrollado por la BCR en 2023, que analiza el comportamiento de las lluvias de los últimos 50 años y su relación con diferentes niveles de calentamiento del Pacífico. Los números muestran una escalada: octubre podría registrar cerca de un 30% más de precipitaciones que lo normal, noviembre alrededor de un 70% más, y diciembre hasta un 90% por encima de los valores habituales, según explicó Alfredo Elorriaga, consultor de la Bolsa de Comercio de Rosario. La secuencia resulta particularmente relevante para la producción, ya que en octubre comenzará a tomar ritmo la siembra de soja de primera y avanzarán las primeras implantaciones de maíz, en noviembre se incorporará progresivamente la cosecha de trigo y la siembra de soja de segunda, y hacia diciembre esas actividades se superpondrán con la implantación del maíz tardío.
Una mayor frecuencia de lluvias podría generar interrupciones sucesivas y hacer que las tareas se acumulen. «Por la particular dinámica que se prevé para este Niño, la recurrencia de las precipitaciones puede ser muy alta», advierte Elorriaga, y aclara que no necesariamente será el volumen total de agua el que determine las dificultades, sino la cantidad de días en los que las máquinas puedan efectivamente ingresar a los lotes. La cosecha del trigo será una de las primeras actividades en sentir la presión de este escenario: si las precipitaciones se vuelven frecuentes hacia fines de noviembre y durante diciembre, pueden aparecer problemas de piso y ventanas cada vez más cortas para levantar los lotes, a lo que se suma la necesidad de liberar rápidamente superficie para la soja de segunda. Cada demora en la cosecha del trigo puede trasladarse automáticamente a la siembra siguiente, y cuando la ventana disponible se achica, los retrasos comienzan a acumularse.
El otro gran protagonista de diciembre será el maíz tardío, cuya siembra podría coincidir con el momento de mayor intensidad proyectada del Niño. El cultivo presenta una sensibilidad particular frente a los excesos de agua durante la implantación, y a diferencia de la soja, el costo de una mala implantación puede ser mayor, ya que cada planta perdida tiene un impacto importante sobre el rendimiento potencial. Ante la posibilidad de un diciembre con lluvias muy por encima de lo normal, una alternativa de manejo podría ser anticipar parte de la superficie de maíz hacia fines de agosto o comienzos de septiembre, una estrategia que tiene sus propios riesgos pero permitiría evitar parcialmente la ventana en la que se espera una mayor recurrencia de precipitaciones. El exceso de agua no será la única variable a monitorear, ya que El Niño también está asociado a una mayor probabilidad de temperaturas elevadas y olas de calor, como ocurrió en la campaña 2023/24.
El fenómeno de este año presenta una evolución particular: la anomalía de la temperatura superficial del Pacífico pasó de 1,25 a 1,8 en apenas un mes, consolidando una tendencia hacia un Niño fuerte, con un pico proyectado inferior a 2,5 aunque con incertidumbre que obliga a trabajar con un rango de entre 2 y 3. Por sus características, el evento podría asemejarse al Niño 2015/16, que alcanzó un máximo de 2,8, aunque con la diferencia importante de que el pico de intensidad se produciría antes. El escenario que se perfila para la campaña 2026/27 tiene así una paradoja: después de años en los que el problema fue la falta de agua, ahora el desafío podría ser administrar el exceso. Porque una lluvia abundante entre dos períodos largos de tiempo seco puede ser una bendición para los cultivos, pero varias lluvias consecutivas que impidan entrar a los lotes pueden convertirse en un cuello de botella productivo. Y diciembre estará justamente en el centro de esa ecuación: con trigo esperando ser cosechado, soja de segunda esperando ser sembrada y maíz tardío buscando su lugar en el calendario.