El boom exportador y la caída de importaciones sostienen la estabilidad cambiaria y alejan temores de una crisis externa
El fuerte crecimiento de las exportaciones de productos primarios y energía, combinado con la debilidad del consumo y de la industria, fortalece el superávit comercial argentino y reduce las probabilidades de una crisis por falta de divisas en el corto plazo.
El desempeño del comercio exterior argentino durante el primer trimestre del año fortaleció las perspectivas oficiales sobre la estabilidad cambiaria y alimentó la percepción de que, al menos en el corto plazo, resulta poco probable una crisis vinculada a la escasez de dólares. El resultado positivo se explica principalmente por el fuerte crecimiento de las exportaciones de productos primarios, energía y manufacturas agropecuarias, mientras las importaciones permanecen contenidas por la caída de la actividad económica y el menor dinamismo del consumo interno.
Según datos analizados por especialistas consultados por el medio Ámbito Financiero, el superávit comercial acumulado durante el primer trimestre alcanzó niveles significativamente superiores a los registrados en igual período del año pasado. El escenario actual muestra una diferencia importante respecto de otras etapas de la economía argentina, donde la recuperación de la actividad solía traducirse rápidamente en un aumento de las importaciones y en una mayor presión sobre el mercado cambiario.
La consultora Abeceb señaló que el superávit comercial de marzo alcanzó los 2.523 millones de dólares, el mayor registrado para ese mes desde 2010. Además, destacó que el saldo positivo acumulado en el primer trimestre llegó a 5.508 millones de dólares, multiplicando por cinco el resultado obtenido durante el mismo período de 2025.
Entre los factores que explican esta dinámica, los analistas remarcan la caída de las importaciones asociadas a la debilidad del mercado interno y al retroceso de la producción industrial. Las manufacturas industriales muestran un desempeño más débil, lo que reduce la demanda de bienes intermedios, insumos y bienes de capital provenientes del exterior. A esto se suma el crecimiento de sectores exportadores ligados a alimentos y energía, favorecidos también por el contexto internacional.
El informe de Abeceb también advirtió que el conflicto en Medio Oriente podría beneficiar parcialmente a la Argentina a través del aumento internacional de los precios de la energía, los alimentos y algunos metales, fortaleciendo así la canasta exportadora nacional.
Para el director del Centro de Estudios de Comercio Exterior Siglo XXI, Miguel Ponce, el escenario actual no muestra señales de una futura crisis cambiaria derivada del aumento de importaciones, como ocurrió en otros períodos de expansión económica. Según explicó, las condiciones actuales hacen menos probable la aparición de un “cuello de botella” externo asociado a la falta de divisas.
No obstante, algunos especialistas advierten sobre las limitaciones estructurales del actual modelo exportador. El economista Tomás Amerio, de la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo que gran parte del crecimiento exportador se concentra en sectores como agroindustria y energía, mientras las manufacturas industriales continúan debilitadas. En ese sentido, señaló que esta dinámica no contribuye a diversificar la estructura exportadora ni a desarrollar mayor complejidad productiva.
Amerio indicó además que la mejora comercial depende en gran medida de factores coyunturales como una buena cosecha agrícola y el desarrollo de Vaca Muerta, elementos que podrían verse afectados por cambios internacionales o fluctuaciones de precios.
Por su parte, el economista Santiago Casas, de EcoAnalytics, destacó que las exportaciones crecieron más de un 30% interanual en marzo, impulsadas principalmente por mayores volúmenes exportados y no tanto por mejoras de precios internacionales.
De acuerdo con datos del INDEC, en marzo las exportaciones argentinas alcanzaron los 8.645 millones de dólares, mientras las importaciones crecieron apenas 1,7%, consolidando así una tendencia de fuerte superávit comercial.
En este contexto, los analistas consideran que, mientras continúe la combinación de exportaciones elevadas y demanda moderada de importaciones, el Gobierno contará con mayores posibilidades de sostener la estabilidad cambiaria y acumular divisas genuinas provenientes del comercio exterior.