Industria eléctrica y electrónica Argentina: el 44% de las empresas redujo su producción
La industria electrónica, electromecánica y luminotécnica atravesó un segundo trimestre marcado por la contracción productiva, la reducción del empleo y una elevada capacidad ociosa. Aunque algunos sectores de la economía muestran mejores indicadores, una parte importante de este entramado industrial todavía enfrenta dificultades para recuperar sus niveles de actividad. El 44% de las empresas relevadas […]
La industria electrónica, electromecánica y luminotécnica atravesó un segundo trimestre marcado por la contracción productiva, la reducción del empleo y una elevada capacidad ociosa. Aunque algunos sectores de la economía muestran mejores indicadores, una parte importante de este entramado industrial todavía enfrenta dificultades para recuperar sus niveles de actividad.
El 44% de las empresas relevadas informó una caída de la producción durante el período, mientras que el 30% consiguió mantener sus niveles y apenas el 26% logró incrementarlos. Entre las firmas que registraron retrocesos, la contracción promedio alcanzó el 31%, lo que muestra que el deterioro fue significativo para una parte considerable de las compañías.
Según informó Ámbito a partir del Informe de Actividad Industrial de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas, el relevamiento incluyó empresas dedicadas a electrónica, baja tensión, energía e iluminación. Los resultados reflejan un sector que continúa operando por debajo de su potencial productivo.
La capacidad instalada presenta también niveles elevados de ociosidad. Casi seis de cada diez compañías trabajaron utilizando como máximo el 60% de su capacidad, mientras que solo una proporción reducida logró acercarse a niveles elevados de funcionamiento. La situación evidencia que muchas empresas cuentan con margen para aumentar la producción sin realizar nuevas ampliaciones de infraestructura.
Este escenario condiciona también las decisiones de inversión. Las compañías tienden a priorizar la recuperación de la capacidad existente antes de incorporar nuevas tecnologías o expandir instalaciones, especialmente mientras la demanda permanezca debilitada.
El empleo continúa mostrando señales negativas. El 41% de las empresas redujo su dotación durante el segundo trimestre, el 52% mantuvo sin cambios la cantidad de trabajadores y solamente el 7% incorporó nuevo personal. La tendencia prolonga el ajuste observado durante los primeros meses del año.
El comercio exterior representa otro de los principales desafíos. Solo el 41% de las compañías realizó exportaciones, mientras que el 59% no tuvo ventas internacionales. Entre las firmas que no exportan, tres de cada cuatro identificaron los elevados costos como la principal dificultad para competir en mercados externos.
Incluso entre las empresas que venden fuera del país, el peso de las exportaciones continúa siendo limitado. El 73% destina menos del 10% de su producción a otros mercados, lo que refleja una baja participación del comercio exterior dentro de la estructura comercial de buena parte del sector.
Las inversiones previstas para el tercer trimestre mantienen un perfil cauteloso. Solo el 33% de las empresas planea realizar nuevos desembolsos, mientras que dos de cada tres no proyectan invertir. Entre los principales motivos aparecen el bajo nivel de ventas y la persistencia de la incertidumbre económica y política.
Las expectativas sobre producción muestran, no obstante, una mayor estabilidad. El 55% espera mantener sus actuales niveles durante el tercer trimestre, el 30% proyecta una mejora y el 15% anticipa nuevas caídas. En el mercado interno, el 67% considera que las ventas permanecerán sin cambios, mientras que el 22% prevé un incremento.
Las perspectivas exportadoras son algo más favorables: el 73% estima que sus ventas externas se mantendrán estables y el 27% espera aumentarlas. En materia laboral, en cambio, el 26% todavía proyecta nuevas reducciones de personal y solo el 7% prevé realizar incorporaciones.
El relevamiento muestra así una industria que continúa condicionada por la debilidad de la demanda, la capacidad ociosa, la baja inversión y las dificultades para competir internacionalmente. Aunque las expectativas para los próximos meses presentan una mayor estabilidad, todavía no aparecen señales suficientes para anticipar una recuperación sostenida de la producción y el empleo.