La industria del cáñamo en Colombia avanza como promesa para territorios olvidados, pero enfrenta frenos regulatorios
Empresarios, expertos y líderes comunitarios coinciden en destacar el potencial del cáñamo para sustituir cultivos ilícitos y transformar cadenas productivas en construcción, textiles y alimentación, aunque la reglamentación incompleta mantiene al sector atado a un esquema transitorio que genera incertidumbre.
Como la gran promesa de convertir sectores olvidados por el Estado en fuentes de empleo, la industria del cáñamo en Colombia avanza con una perspectiva productiva que, si bien ya tiene respaldo legal, todavía se enfrenta a un vacío operativo. Mientras empresarios y expertos la presentan como una vía para la sustitución de economías ilícitas, la captura de carbono y la transformación industrial, la reglamentación sigue incompleta y mantiene al sector atado, según publicó Infobae.
El meollo de esta discrepancia radica en que la ley 2204 de 2022 dejó vinculada a esta industria al régimen general del cannabis no psicoactivo, lo que representa dificultades para su implementación. Así lo analizó para Infobae Colombia el abogado Walter Aguirre Mazo, uno de los mayores expertos en la materia, que incluso ha elevado una serie de propuestas para mejorar la reglamentación del cáñamo industrial y, de paso, el cannabis medicinal. El letrado explicó que, aunque la ley fijó como referencia un contenido de THC (tetrahidrocannabinol) igual o inferior al 0,3%, el porcentaje aplicable mientras entra en vigencia la reglamentación sigue siendo del 1%, previsto en el Decreto 811 de 2021. En términos claros: hay dos normas con reglas distintas al mismo tiempo, con dos límites vigentes que se han convertido en una trampa legal para los interesados en trabajar con el cáñamo.
Por su parte, Elena Escobar, líder del sector radicada en Urabá, trasladó el debate a un plano más amplio: el del rezago de una planta que, a su juicio, fue desplazada del mercado por intereses industriales. «Tanto la industria algodonera como la industria licorera satanizaron el cáñamo. Hicieron uso de que el cáñamo viene del cannabis para satanizar todo eso y sacarlo del mercado», dijo la ingeniera, que también desarrolla la semilla de sacha inchi. En su análisis, Escobar agregó que de la planta «salen textiles, salen bioplásticos, sale material de construcción» y que una de las líneas de investigación más recientes apunta al grafeno, un material ultraresistente con un atributo ambiental no despreciable: «Absorbe CO2, o sea que es perfecta para el tema de los bonos de carbono. Una vez transformado el cáñamo, sigue absorbiendo CO2».
Aguirre Mazo reiteró que Colombia cuenta desde el 10 de mayo de 2022 con la Ley 2204, creada para establecer un marco legal para el uso industrial y científico del cáñamo. La norma abarca no solo la producción y utilización de fibra, sino también el grano, semillas para siembra, plantas en estado vegetativo y componente vegetal, además de su comercialización, importación, exportación, almacenamiento, transporte y transformación industrial. En concepto del abogado, ese cambio permitió diferenciar jurídicamente dos realidades: el cannabis sometido a control especial por sus usos médicos, científicos o por su contenido de THC, y el cáñamo como cultivo agrícola y materia prima industrial. El problema, precisó, es que «cuatro años después de expedida la Ley 2204, el principal problema continúa siendo su reglamentación integral y efectiva», lo que ha detenido el avance de la industria.
Carlos Álvarez, uno de los fundadores de la firma Agrogreencol, relacionó el potencial del cáñamo con una agenda rural e industrial enfocada a transformar las economías de los territorios olvidados. «En Colombia, las comunidades rurales necesitan ingresos legales, cultivos resilientes al clima e industrias sostenibles que protejan la tierra. En Agrogreencol estamos construyendo esa oportunidad a través del cáñamo industrial», afirmó Álvarez. Su modelo parte de «genética legal y trazable de cáñamo» y se apoya en la producción de semillas, plántulas y material vegetal para agricultores y comunidades, sumando servicios como nutrición orgánica, orientación en riego, asistencia técnica y acompañamiento en campo. Una de las etapas clave es la posterior a la cosecha, cuando tallos y fibras se transforman en materiales de bioconstrucción sostenible, incluyendo bloques a base de cáñamo para muros, aislamiento y vivienda rural de baja huella de carbono.
Uno de los aspectos que le da mayor valor al desarrollo de la industria en el país es el impacto sobre los territorios afectados por economías ilegales. «Durante décadas el país ha intentado sustituir cultivos ilícitos concentrándose principalmente en reemplazar una planta por otra. Pero el problema de muchos territorios no es solamente qué cultivan», sostuvo Aguirre Mazo. A partir de ese diagnóstico, el abogado propuso un planteamiento crucial: «El cáñamo permite plantear un enfoque diferente: no sustituir simplemente cultivos ilícitos, sino sustituir economías ilícitas por economías industriales legales», y puso como ejemplo cómo detrás de cada plantación existe una cadena que transforma la fibra en materiales de construcción, textiles o autopartes, y el grano en alimentos y aceites.
Para Aguirre Mazo, el siguiente paso no es discutir si el cáñamo debe existir legalmente, porque esa decisión ya fue tomada por el Congreso en 2022. El reto es práctico y pasa por culminar la reglamentación de la ley con un sistema sencillo, diferencial y proporcional al riesgo real de un cultivo industrial. «Un cultivo destinado a fibra, alimentos, materiales o construcción no puede tratarse administrativamente como si su objeto principal fuera la producción de sustancias fiscalizadas», dijo el letrado, que advirtió sobre el traslado al cáñamo de cargas regulatorias concebidas para el cannabis psicoactivo.
El desarrollo formal de la actividad se viene canalizando a través del Sistema de Información de Operaciones de Cannabis del Ministerio de Agricultura, la plataforma oficial en la que se centraliza la información sobre todas las actividades relacionadas con el cáñamo y el cannabis industrial en Colombia. Allí, empresas y cultivadores deben registrar sus operaciones para el control y seguimiento de proyectos activos. En alimentación, el cáñamo se utiliza para obtener semillas, aceite, harina y proteína vegetal; en el sector textil, se destaca por su resistencia para fabricar ropa, calzado y accesorios; en la construcción, se transforma en bloques ecológicos, paneles aislantes y fibras para reforzar bioplásticos; y también se emplea en cosmética, industria automotriz, combustibles alternativos y pinturas ecológicas, lo que ha diversificado las líneas productivas que, como coinciden los expertos, serían fuente de progreso para la Colombia profunda.