Celeste Saulo advierte por un Súper El Niño histórico y el agro latinoamericano se prepara para un escenario extremo
La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial alertó que el fenómeno podría alcanzar una intensidad sin precedentes hacia finales de año, con un calentamiento de hasta 3,8 °C en el Pacífico tropical y efectos que se prolongarían durante 2027. Inundaciones, sequías y pérdidas de producción amenazan a la región.
La argentina Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, advirtió durante una conferencia de Naciones Unidas en Ginebra que El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes hacia finales de este año. El organismo proyecta un calentamiento de hasta 3,8 °C por encima del promedio en la superficie del Pacífico tropical, con efectos que podrían prolongarse durante 2027. La advertencia resulta especialmente relevante para América Latina, donde las alteraciones de las lluvias y las temperaturas pueden comprometer la producción agrícola, la ganadería, la infraestructura rural y las exportaciones agroalimentarias.
Según la declaración oficial publicada por la OMM, el fenómeno podría superar las referencias de monitoreo utilizadas durante las últimas cuatro décadas. La proyección corresponde al trimestre noviembre-enero y describe una anomalía de temperatura oceánica, no un incremento equivalente de la temperatura media mundial. Por su parte, el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad, de la Universidad de Columbia, informó que el índice Niño 3.4 había alcanzado 3,3 °C de anomalía semanal, mientras los modelos proyectaban valores cercanos a 3,5 °C. Las diferencias responden a indicadores y metodologías de medición distintos.
Para los productores de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, los episodios de El Niño suelen asociarse con mayores precipitaciones en determinadas regiones y estaciones. Aunque una mayor disponibilidad de humedad puede favorecer el desarrollo de la soja y el maíz, los excesos hídricos también representan una amenaza. Inundaciones, anegamientos, enfermedades fúngicas y demoras en la cosecha pueden reducir rendimientos y elevar los costos de producción. En las zonas ganaderas, las lluvias persistentes podrían dificultar el acceso a los establecimientos, deteriorar las pasturas y afectar la sanidad animal. Sin embargo, la intensidad del fenómeno no permite anticipar impactos idénticos en todos los territorios.
En Perú, Ecuador y otras áreas del Pacífico sudamericano, el calentamiento oceánico puede favorecer episodios de lluvias intensas, con consecuencias para los cultivos, los sistemas de riego y la infraestructura vial. En contraste, la OMM señaló que sectores de América Central, el sur del Caribe y la Amazonía presentan mayores riesgos de sequía. Estas condiciones podrían comprometer producciones de maíz, frijol, café y otros cultivos sensibles al déficit hídrico, además de restringir la disponibilidad de agua para el ganado. El organismo aclaró que se trata de proyecciones estacionales y que los pronósticos nacionales son indispensables para identificar riesgos concretos.
El impacto también podría trasladarse a los mercados internacionales de commodities agrícolas. Alteraciones significativas en los rendimientos de soja, maíz, trigo, café o azúcar pueden modificar las expectativas de oferta, los flujos comerciales y las cotizaciones internacionales. Para América Latina, una región estratégica en el abastecimiento mundial de alimentos, los efectos sobre la balanza comercial agroalimentaria dependerán de la magnitud de las pérdidas, las existencias disponibles y la evolución productiva de competidores como Estados Unidos. No obstante, un súper El Niño no garantiza aumentos generalizados de precios, ya que intervienen también la demanda, los inventarios y las políticas comerciales.
La logística de exportación constituye otro frente de vulnerabilidad. Las precipitaciones extremas pueden deteriorar caminos rurales, interrumpir corredores de transporte y generar dificultades operativas en la infraestructura portuaria. Estas restricciones pueden incrementar los costos logísticos y alterar los plazos de entrega, con posibles efectos sobre los precios FOB y la competitividad exportadora. Para cooperativas, acopiadores y empresas agroindustriales, anticipar contingencias resulta fundamental para preservar la continuidad comercial. En ese contexto, la diversificación de mercados, la trazabilidad y la planificación logística adquieren importancia para fortalecer la resiliencia de las cadenas de valor agroalimentarias.
Frente a este escenario, la tecnificación y la agricultura digital ofrecen herramientas para mejorar la gestión del riesgo climático. El monitoreo satelital, los sensores de humedad, los pronósticos estacionales y los sistemas de alerta temprana permiten ajustar decisiones de siembra, fertilización y manejo hídrico. También cobran relevancia las obras de drenaje, las reservas forrajeras, los seguros agropecuarios y el acceso al financiamiento. Para pequeños y medianos productores, la cooperación entre gobiernos, organismos técnicos y asociaciones rurales será decisiva. La adaptación climática ya no representa únicamente una cuestión ambiental: constituye una condición para sostener la productividad y la seguridad alimentaria.
En su intervención ante Naciones Unidas, Saulo insistió en la necesidad de actuar antes de que se agraven los impactos del fenómeno. La secretaria general de la OMM sostuvo que los pronósticos científicos y los sistemas de alerta permiten reducir consecuencias humanas y económicas cuando se traducen en medidas preventivas. El organismo trabaja junto con agencias humanitarias y servicios meteorológicos nacionales para fortalecer esa respuesta. Para el agro latinoamericano, el desafío de la próxima campaña será transformar la información climática en decisiones productivas oportunas. Aunque todavía existe incertidumbre sobre los efectos locales, la posibilidad de un El Niño excepcional vuelve prioritarias la prevención, la inversión y la cooperación regional.