Doble golpe a la carne de Brasil: sin cupo en China y fuera de la UE, ¿cómo impacta a la Argentina?

Daniel Urcía, presidente de Fifra, anticipó una mayor competencia internacional, pero sostuvo que los principales desafíos están puertas adentro, como la faena clandestina y la presión impositiva.

Brasil tiene un «dolor de cabeza» grande. El principal exportador de carne vacuna a nivel mundial deberá buscar nuevos mercados para colocar parte de su producción de carne vacuna, luego de agotar su cuota de exportación a China y quedar excluido de la Unión Europea (UE) por no cumplir con las exigencias sanitarias del bloque. Durante una charla con La Voz, Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra), dijo que «este reacomodamiento aumentará la competencia internacional, pero no representa una amenaza inmediata para la Argentina».

China, principal comprador de carne brasileña, estableció para 2026 una cuota de 1.106.000 toneladas. Al superar ese volumen, las operaciones deben afrontar un arancel adicional del 55%, una barrera que reduce fuertemente la competitividad de los embarques. El país vecino ya había utilizado alrededor del 90% del cupo a mediados de agosto y se estima que el 10% restante está en camino al país asiático, por lo que, a falta de tres meses para finalizar el año, Brasil se quedó sin cupo en su mejor destino. A ese escenario se sumó la suspensión de las compras por parte de la Unión Europea, que comenzó a regir este jueves 3 de septiembre. El bloque exige que Brasil demuestre que dispone de controles suficientes sobre el uso de antimicrobianos durante toda la cadena productiva. Hasta que esas garantías sean aceptadas, la carne vacuna brasileña no podrá ingresar al mercado europeo.

«El negocio de la carne es como un Tetris», resumió Urcía. La comparación permite explicar cómo funciona el mercado internacional: cuando una pieza cambia de lugar, las demás también deben acomodarse. Si un país pierde acceso a un comprador o encuentra una barrera comercial, intenta reubicar los cortes en otros destinos, pero no todos los mercados demandan los mismos productos, pagan los mismos precios ni tienen iguales condiciones de acceso. Según planteó el dirigente, Brasil buscará profundizar su presencia en mercados en los que ya opera, principalmente en África, Oriente Medio, Filipinas y Vietnam. La ventaja brasileña es que no necesita comenzar desde cero: sus frigoríficos ya cuentan con clientes y canales comerciales en esas regiones.

El mayor movimiento exportador de Brasil también abre interrogantes dentro del mercado argentino. En los últimos meses se observaron cortes brasileños en supermercados de Córdoba, entre ellos colita de cuadril a $16.990 por kilo, con valores competitivos frente a productos nacionales. Para Urcía, es posible que las importaciones de carne crezcan y que algunas empresas aprovechen esa «ventanita» comercial para competir en el mercado interno. Sin embargo, no considera que ese proceso pueda transformarse, al menos por ahora, en un problema estructural para la producción argentina. «La importación puede servir para cubrir determinados nichos, aprovechar diferencias temporales de precios o completar la oferta de algunos cortes. Eso no implica necesariamente que la carne brasileña pueda desplazar de forma generalizada a la producción nacional», comentó. Además, descartó una «posible competencia» para el productor: «En todo caso, una mayor presencia de producto importado podría generar presión sobre los eslabones encargados de comprar, distribuir y comercializar la carne. La situación del productor es distinta, ellos están en el mejor momento de la historia», afirmó Urcía.

Antes que concentrarse en la competencia brasileña, Urcía consideró que la cadena argentina debe resolver problemas propios que afectan su competitividad. Entre ellos mencionó la faena clandestina, una práctica que genera competencia desleal frente a los frigoríficos que cumplen con las obligaciones sanitarias, laborales y tributarias. A esos desafíos se suman la presión impositiva y diferentes cargas burocráticas que terminan repercutiendo sobre los costos de la cadena formal.