Bancos internacionales anticipan un dólar más débil en 2026 por recortes de tasas en Estados Unidos

Deutsche Bank, Goldman Sachs y otras entidades prevén que la moneda estadounidense retome su tendencia descendente el próximo año, en un contexto de flexibilización monetaria de la Reserva Federal y mayor atractivo relativo de otras economías.

Los principales bancos de inversión de Wall Street proyectan que el dólar estadounidense volverá a mostrar señales de debilidad en 2026, luego de un período de relativa estabilidad en la segunda mitad de este año. El escenario que plantean está estrechamente vinculado a la continuidad del ciclo de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, en contraste con otros bancos centrales que mantienen políticas más restrictivas o incluso se encaminan a subir los tipos de interés.

Tras haber registrado en el primer semestre de 2025 su mayor caída desde comienzos de la década de 1970, el dólar logró estabilizarse en los últimos meses. Sin embargo, los estrategas consideran que ese freno fue transitorio y que el contexto macroeconómico vuelve a inclinar los riesgos hacia una depreciación adicional del billete verde.

La expectativa central es que la Fed continúe reduciendo gradualmente su tasa de referencia, mientras otras economías relevantes, como la zona euro o Japón, sostienen o endurecen sus políticas monetarias. Esa divergencia generaría incentivos para que los inversores reduzcan su exposición a activos denominados en dólares y redirijan capitales hacia mercados con mayores rendimientos relativos.

En ese marco, analistas de entidades como Deutsche Bank, Goldman Sachs, JPMorgan y Morgan Stanley coinciden en que el dólar podría perder valor frente a monedas clave como el euro, el yen y la libra esterlina. De acuerdo con estimaciones de consenso relevadas por Bloomberg Línea, un índice amplio del dólar registraría una caída cercana al 3% hacia finales de 2026, aunque algunos bancos proyectan un retroceso mayor durante la primera mitad del año.

Desde Morgan Stanley, por ejemplo, advierten que existe “margen suficiente para que el mercado descuente un ciclo de recortes más profundo”, lo que abriría espacio para una depreciación adicional de la moneda estadounidense. En la misma línea, JPMorgan considera que los riesgos están “más alineados en contra del dólar que a su favor”, especialmente si se confirma un enfriamiento del mercado laboral norteamericano.

Si bien el descenso proyectado sería más moderado que el observado en 2025, los estrategas destacan que un dólar más débil podría tener efectos significativos en la economía global. Entre ellos, un encarecimiento de las importaciones en Estados Unidos, una mejora en la competitividad de sus exportaciones y un mayor valor en dólares de las ganancias obtenidas en el exterior por las empresas estadounidenses.

Además, este escenario podría fortalecer a los mercados emergentes, ya que un dólar en retroceso suele impulsar los flujos hacia economías con tasas de interés más elevadas. De hecho, varias entidades destacan el potencial de estrategias de carry trade en monedas de América Latina y Asia, como el real brasileño, ante la combinación de rendimientos altos y una moneda estadounidense menos dominante.

No obstante, existen visiones contrapuestas. Algunos analistas de Citigroup y Standard Chartered sostienen que la fortaleza estructural de la economía estadounidense, impulsada por sectores como la inteligencia artificial, podría atraer flujos de inversión suficientes para sostener o incluso fortalecer al dólar en el mediano plazo. Según este enfoque, un crecimiento mayor al esperado podría revertir parcialmente la tendencia bajista.

Aun así, el consenso mayoritario entre los grandes bancos internacionales apunta a que 2026 estará marcado por un dólar más débil, condicionado por la política monetaria de la Fed, la evolución del ciclo económico global y la reconfiguración de los flujos financieros internacionales.