Deutsche Bank y Goldman Sachs enfrían las expectativas sobre el oro y recortan sus proyecciones

Los grandes bancos internacionales moderaron sus previsiones para el oro ante la persistencia de una política monetaria restrictiva en Estados Unidos y una menor demanda de inversión a nivel global.

El entusiasmo que impulsó al oro a máximos históricos a comienzos de año comenzó a perder fuerza. Deutsche Bank se sumó a Goldman Sachs y revisó a la baja sus proyecciones para el metal precioso, en un contexto marcado por las expectativas de tasas de interés elevadas en Estados Unidos y una desaceleración de la demanda internacional.

La entidad alemana redujo hasta un 22% sus estimaciones para los próximos meses y ahora prevé que el oro alcance los 4.300 dólares por onza durante el tercer trimestre y los 4.800 dólares hacia finales de año, cifras que, si bien continúan por encima de los valores actuales, reflejan una visión mucho más cautelosa que la sostenida anteriormente.

La corrección se produce pocos días después de que Goldman Sachs también rebajara sus expectativas para el mercado aurífero, reduciendo en 500 dólares su objetivo de cierre de año y ajustándolo a los 4.900 dólares por onza.

Detrás de este cambio de escenario aparecen las nuevas perspectivas sobre la política monetaria estadounidense. Los analistas consideran que la Reserva Federal mantendrá una postura restrictiva durante más tiempo debido a la persistencia de las presiones inflacionarias y a la solidez que aún muestran algunos indicadores económicos.

Este contexto disminuye el atractivo del oro como activo refugio, ya que las tasas elevadas fortalecen otras alternativas de inversión y aumentan el atractivo del dólar.

Durante el trimestre, el metal precioso acumuló una caída cercana al 12%, afectado inicialmente por el impacto de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente sobre los precios de la energía y, posteriormente, por el cambio de expectativas respecto a la política monetaria estadounidense.

Los especialistas advierten que, en un escenario donde la Reserva Federal decidiera avanzar con nuevas subas de tasas, el oro podría descender incluso hasta la zona de los 3.800 dólares por onza.

Otro de los factores que explica la pérdida de impulso es la menor participación de los inversores financieros. Los fondos cotizados respaldados por oro continúan registrando salidas de capitales, reflejando una mayor cautela por parte de los mercados.

A esto se suma una moderación de la demanda en China, uno de los principales consumidores mundiales del metal, donde algunos indicadores comienzan a mostrar un menor dinamismo en las importaciones.

Sin embargo, persiste un importante factor de sostén para el mercado: la demanda de los bancos centrales. Las autoridades monetarias de numerosos países continúan incrementando sus reservas de oro como estrategia de diversificación y resguardo frente a la volatilidad financiera global.

De esta manera, el futuro del metal precioso dependerá cada vez más de la evolución de la inflación estadounidense, de las decisiones de la Reserva Federal y de la capacidad de la demanda institucional para compensar la menor participación de los inversores privados.