El oro sufrió su mayor caída desde 1983 y divide a los bancos: qué precios proyectan Citi y Deutsche Bank
El metal precioso se desplomó casi 11% en dos días tras la nominación de Kevin Warsh para presidir la Reserva Federal, que fortaleció al dólar y forzó una liquidación masiva de posiciones apalancadas. Mientras Citi mantiene un sesgo cauteloso y ve riesgos de una corrección más profunda, Deutsche Bank sostiene que la tendencia alcista de largo plazo sigue intacta.
El precio del oro registró en los últimos días la caída más pronunciada desde 1983, en un movimiento que sorprendió por su velocidad y magnitud. El ajuste comenzó luego de que el presidente Donald Trump nominara a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, una señal interpretada por el mercado como un posible giro hacia una política monetaria más contractiva. El fortalecimiento del dólar y el desarme de posiciones especulativas aceleraron la baja: el oro perdió cerca de 11% en dos jornadas y la plata llegó a retroceder más de 25% en su punto mínimo.
Según los analistas, el movimiento estuvo amplificado por factores técnicos. La caída inicial activó llamadas de margen sobre fondos apalancados y derivados, obligando a ventas forzadas por más de US$4.000 millones. A ello se sumó la apreciación del dólar, que redujo el atractivo relativo de los metales preciosos como cobertura.
Desde Citi Research mantienen una postura prudente, con un sesgo levemente bajista para la segunda mitad de 2026. El banco considera que buena parte del rally previo estuvo impulsado por flujos tácticos y no por una escasez física del metal. En su escenario base, proyecta precios en torno a US$5.000 a corto plazo y US$4.500 a doce meses, aunque advierte que, si disminuye el apetito especulativo global, el oro podría moverse en un rango sensiblemente inferior. No obstante, Citi también contempla escenarios extremos: uno alcista hacia US$6.000 y otro bajista que podría llevar el precio a la zona de US$3.000–US$3.500.
En contraste, Deutsche Bank interpreta la corrección como un ajuste técnico más que como un cambio de ciclo. Para el banco alemán, los fundamentos estructurales siguen siendo favorables: la debilidad de largo plazo del dólar, la demanda sostenida de los bancos centrales y el interés de los inversores chinos continúan respaldando al metal. En ese marco, mantiene un objetivo de US$6.000 por onza y sostiene que la reciente caída “sobrepasó la importancia de sus catalizadores”.
Así, el desplome del oro dejó en evidencia la sensibilidad del mercado ante cambios en el contexto monetario y el apetito global por riesgo. Mientras algunos bancos alertan sobre una mayor vulnerabilidad del precio si continúan las salidas de capital, otros ven la corrección como una oportunidad dentro de una tendencia alcista que, al menos por ahora, sigue abierta.