Petróleo, aranceles e inversión en IA reavivan los temores por la inflación global
El crudo volvió a superar momentáneamente los US$100 por barril, mientras Estados Unidos impulsa nuevos aranceles y las grandes tecnológicas aumentan sus inversiones en inteligencia artificial. El escenario vuelve a presionar a los bancos centrales y eleva la cautela en los mercados.
El aumento de los precios de la energía, la nueva ofensiva arancelaria de Estados Unidos y el fuerte crecimiento de las inversiones en inteligencia artificial volvieron a encender las alertas por una posible aceleración de la inflación mundial. El escenario aparece en un momento especialmente sensible, cuando varios bancos centrales comenzaban a observar señales de moderación en las presiones sobre los precios.
El petróleo volvió a ocupar el centro de las preocupaciones luego de que el Brent superara momentáneamente los US$100 por barril por primera vez en dos meses. La escalada del conflicto en Medio Oriente, que se extiende desde el estrecho de Ormuz hasta el mar Rojo, incrementó los temores sobre posibles interrupciones en el suministro energético internacional.
Según informó Bloomberg Línea, esta combinación de factores podría obligar a los principales bancos centrales a revisar sus perspectivas en las reuniones previstas para los próximos días. La Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón deberán evaluar si el nuevo escenario inflacionario requiere mantener durante más tiempo políticas monetarias restrictivas.
Las tensiones aumentaron después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara que analiza la posibilidad de realizar un “ataque masivo” contra Irán para presionar al país a alcanzar un acuerdo. La posibilidad de una nueva escalada militar impulsó los precios del petróleo y de los combustibles, con un impacto que podría trasladarse rápidamente al transporte, la producción y el costo de vida.
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advirtió que cuanto más tiempo permanezcan elevados los precios energéticos, mayor será la probabilidad de que terminen trasladándose a la inflación general. Dentro del organismo europeo incluso surgieron discusiones sobre la posibilidad de volver a incrementar las tasas si el panorama no mejora durante los próximos meses.
Los mercados de bonos ya comenzaron a reflejar esas preocupaciones. Los rendimientos de la deuda británica permanecieron por encima del 5% durante varios días consecutivos, mientras que los títulos estadounidenses a 30 años se acercaron a sus niveles más altos desde 2007. El movimiento refleja una mayor exigencia de los inversionistas frente al riesgo de inflación persistente y políticas monetarias más duras.
Otro frente de presión proviene de los aranceles estadounidenses. La administración Trump anunció gravámenes de entre el 10% y el 12,5% para importaciones provenientes de buena parte de sus principales socios comerciales, una medida que podría encarecer numerosos productos y elevar los costos de las cadenas internacionales de suministro.
Al mismo tiempo, las grandes compañías tecnológicas continúan ampliando sus inversiones en infraestructura destinada a inteligencia artificial. Alphabet elevó su previsión de gasto de capital para 2026 hasta US$205.000 millones, mientras que otras empresas mantienen programas de inversión multimillonarios en centros de datos, chips y capacidad de procesamiento.
El crecimiento de esos desembolsos también genera interrogantes sobre su impacto inflacionario a largo plazo. La elevada demanda de energía, semiconductores, infraestructura y equipamiento puede generar mayores costos en determinados sectores, especialmente si la capacidad productiva no logra acompañar el ritmo de las inversiones.
Las señales de presión sobre los precios también aparecen entre las grandes empresas. Apple aumentó recientemente los valores de diferentes productos, entre ellos Mac, iPad y dispositivos para el hogar, ante el incremento de los costos provocado por la escasez de chips de memoria y almacenamiento.
Este conjunto de factores podría modificar las expectativas sobre las próximas decisiones monetarias. En Estados Unidos, aunque los economistas todavía consideran que el próximo movimiento de la Reserva Federal podría ser un recorte, los mercados comenzaron a incorporar la posibilidad de que las tasas permanezcan elevadas durante más tiempo ante la persistencia de los riesgos inflacionarios.
Japón también enfrenta nuevas presiones luego de que sus indicadores de inflación mostraran un repunte, mientras que el Banco de Inglaterra deberá evaluar el impacto de los mayores costos energéticos sobre una economía que ya enfrenta tensiones en materia de precios.
El panorama global vuelve así a estar condicionado por una combinación de riesgos geopolíticos, comerciales y tecnológicos. La evolución del petróleo, los nuevos aranceles y el ritmo de inversión en inteligencia artificial serán determinantes para definir si los bancos centrales pueden avanzar hacia políticas más flexibles o deberán mantener durante más tiempo una postura restrictiva.