La industria argentina profundiza su parate y alcanza uno de los niveles más bajos de actividad

La utilización de la capacidad instalada cayó al 57,7% en noviembre y expuso un escenario de estancamiento prolongado. Mientras la energía mantiene altos niveles de producción, los sectores industriales con mayor empleo enfrentan una fuerte retracción.

La actividad industrial en Argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Durante noviembre de 2025, las fábricas trabajaron apenas por encima de la mitad de su potencial, con una utilización de la capacidad instalada que descendió al 57,7%, casi cinco puntos por debajo del mismo mes del año anterior. El dato confirma un escenario de recesión persistente y aleja la posibilidad de una recuperación rápida.

El panorama no es homogéneo. La industria aparece claramente fragmentada: por un lado, la refinación de petróleo sostiene un alto nivel de funcionamiento, impulsada por el dinamismo exportador de Vaca Muerta, con plantas operando por encima del 86%. En contraste, los rubros más ligados al mercado interno muestran un deterioro marcado. La metalmecánica, excluyendo al sector automotor, cayó por debajo del 40%, mientras que la industria automotriz se ubicó en torno al 46%, afectada por la menor demanda local y el avance de productos importados.

Análisis recientes difundidos en medios nacionales especializados en economía advierten que este retroceso no responde a un factor aislado, sino a una combinación de variables: contracción del consumo, apertura comercial acelerada, atraso cambiario y un sistema crediticio con costos elevados. Economistas consultados coinciden en que, excluyendo situaciones excepcionales como la pandemia, se trata de registros históricamente bajos para la industria argentina.

En el ámbito empresario crece la preocupación. Desde fines de 2024, la actividad se mantiene prácticamente estancada y ya se observan recortes en el empleo formal. A esto se suma un fenómeno estructural: la brecha entre una producción local debilitada y un fuerte ingreso de bienes importados. En comparación con años de mayor dinamismo, como 2017, hoy se produce menos en el país mientras las importaciones muestran un crecimiento significativo, generando sobrestock de productos terminados, en especial de origen asiático.

Uno de los casos más críticos es el de la industria textil. El sector opera apenas al 29,2% de su capacidad, lo que implica que siete de cada diez máquinas permanecen detenidas. La situación se agrava por la presión de plataformas de comercio electrónico extranjeras y la baja protección arancelaria, en un contexto donde los precios del sector crecieron muy por debajo de la inflación general, erosionando la rentabilidad.

El malestar industrial también tiene una dimensión política y estratégica. Empresarios del sector cuestionan la competencia desigual que enfrentan frente a productos importados, especialmente de China, y advierten que el actual esquema prioriza precios bajos para el consumidor a costa del entramado productivo local. La advertencia es clara: sin un cambio de rumbo que equilibre consumo e industria, el riesgo es una pérdida sostenida de capacidad productiva y empleo en el país.