Sturzenegger reivindicó la desregulación como motor de una transformación cultural del Estado

El ministro de Desregulación sostuvo que las reformas impulsadas por el Gobierno apuntan a modificar la relación histórica entre el Estado y la sociedad, más allá de la eliminación de normas.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, defendió la política de desregulación impulsada por el Gobierno como parte de un proceso de cambio profundo que excede la simplificación administrativa y busca redefinir el vínculo entre el Estado, la economía y la iniciativa privada. Así lo expresó en una columna de opinión publicada en un contexto de fuerte debate por las reformas estructurales que impulsa la gestión de Javier Milei.

Según planteó el funcionario, durante décadas la Argentina desarrolló un entramado normativo que terminó funcionando como un límite interno al desarrollo, más restrictivo que cualquier frontera física. En su diagnóstico, la acumulación de leyes, decretos y reglamentos no tuvo como objetivo ordenar la actividad económica, sino condicionarla mediante controles permanentes que desalientan la innovación y la inversión.

En ese sentido, Sturzenegger sostuvo que el problema central no fue la falta de capacidad productiva del país, sino un Estado que transformó cada iniciativa en un proceso burocrático complejo y costoso. Desde su perspectiva, la desregulación no implica la ausencia de reglas, sino la eliminación de normas que perdieron sentido y solo generaban obstáculos innecesarios.

El ministro diferenció dos dimensiones del proceso en marcha. Por un lado, la revisión normativa, orientada a desarmar regulaciones superpuestas o ineficaces. Por otro, una transformación cultural más profunda, que considera el verdadero desafío: dejar atrás una lógica de dependencia del Estado y reemplazarla por un esquema que premie la autonomía, la creatividad y la responsabilidad individual.

En su reflexión, comparó esa transición con una sociedad que debe acostumbrarse a ejercer la libertad luego de años de tutela estatal. Reconoció que el cambio genera resistencias y temores, pero afirmó que es indispensable para salir del estancamiento económico y social. En ese marco, vinculó la emigración de argentinos en los últimos años con la falta de oportunidades y el agotamiento de un modelo que, a su juicio, frenó el desarrollo.

El planteo fue retomado y analizado por distintos medios nacionales, entre ellos Ámbito, que destacaron el énfasis del ministro en la dimensión cultural de las reformas y su lectura del Estado como un actor que debe concentrarse en garantizar reglas claras y previsibles, en lugar de intervenir de manera permanente en la actividad económica.

Sturzenegger aseguró además que ya comienzan a observarse respuestas positivas por parte de la sociedad, con mayor dinamismo económico y nuevos proyectos tras la eliminación de trabas burocráticas. Si bien admitió que el proceso aún está en curso, afirmó que la Argentina atraviesa una etapa distinta, orientada a transformaciones estructurales y no a soluciones coyunturales.

En ese sentido, concluyó que el éxito del proceso no dependerá únicamente del Gobierno, sino de la capacidad colectiva de la sociedad para asumir un nuevo marco de reglas y aprovechar las oportunidades que surgen de un Estado menos restrictivo y más enfocado en su rol esencial.