El Banco de Japón evalúa subir las tasas a su nivel más alto en 31 años, pero la guerra en Medio Oriente siembra dudas

Lo que parecía casi una certeza entró en cuestión tras las últimas declaraciones de los funcionarios del BoJ, que priorizan la cautela ante el impacto del conflicto sobre una economía fuertemente dependiente de las importaciones energéticas.

El Banco de Japón (BoJ) se prepara para su reunión de política monetaria del 27 y 28 de abril en un clima de creciente incertidumbre. Hasta hace pocas semanas, el consenso del mercado apuntaba a una suba de tasas hasta el 1%, lo que hubiera marcado el nivel más alto en 31 años. Sin embargo, las últimas declaraciones de sus principales funcionarios enfriaron esas expectativas, según informó Ámbito.

El vicegobernador Ryozo Himino fue explícito el viernes al señalar que el banco central orientará su política monetaria teniendo en cuenta la magnitud y la duración del impacto económico de la guerra en Medio Oriente, y subrayó la necesidad de mantenerse alerta ante el riesgo de estanflación. Por su parte, el gobernador Kazuo Ueda tampoco dio señales claras de una suba inminente en sus declaraciones del lunes, un dato relevante si se tiene en cuenta que en las dos ocasiones anteriores en que el BoJ aumentó tasas, Ueda había anticipado la medida con semanas de antelación.

El contexto no es menor para Japón. El país asiático depende fuertemente de las importaciones energéticas que transitan por el estrecho de Ormuz, y el petróleo acumula una suba de aproximadamente el 50% desde el inicio del conflicto. Ese encarecimiento energético presiona al alza la inflación pero al mismo tiempo amenaza con frenar el crecimiento, configurando el escenario de estanflación que preocupa al BoJ.

Pese a la cautela en materia de tasas, es probable que en la reunión de abril los funcionarios eleven su pronóstico de inflación y reduzcan el de crecimiento económico, en función del nuevo escenario energético. El FMI, por su parte, prevé que el BoJ acelere la normalización monetaria a un ritmo ligeramente superior al proyectado hace seis meses, con la tasa oficial convergiendo gradualmente hacia un nivel neutral de alrededor del 1,5%, a medida que la inflación se modere y se acerque al objetivo del 2% hacia finales de 2027.