Bioinsumos agrícolas: el ARN y el biocontrol abren una nueva carrera tecnológica que ya llega a Brasil

El agro acelera hacia bioinsumos de nueva generación: ARN, microorganismos y bacteriófagos avanzan mientras Brasil gana protagonismo regional. AgroSpheres y FMC iniciaron ensayos de campo en Estados Unidos, Brasil y Asia con bioinsecticidas basados en ARN.

AgroSpheres y FMC anunciaron que dos candidatos a bioinsecticidas basados en ARN avanzaron a ensayos de campo en Estados Unidos, Brasil y Asia, después de superar etapas de investigación en laboratorio, invernadero y parcelas experimentales. El salto resulta relevante para América Latina porque coloca a Brasil dentro de la validación global de una nueva generación de tecnologías destinadas a combatir plagas de alto impacto económico, entre ellas lepidópteros como el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), y abre una nueva etapa para los bioinsumos en cultivos extensivos.

La tecnología utiliza biomoléculas de ARN desarrolladas para actuar de manera específica sobre determinadas plagas. AgroSpheres aporta su plataforma de encapsulación AgriCell, diseñada para proteger y entregar estos compuestos biológicos, mientras FMC participa en el desarrollo de soluciones para protección de cultivos. El desafío ahora será demostrar que los resultados obtenidos bajo condiciones controladas pueden mantenerse a escala comercial, frente a diferentes ambientes, presiones de plagas y sistemas productivos. Para el productor, eficacia, persistencia, costo por hectárea y compatibilidad con los programas de manejo serán variables decisivas.

Del ARN a los bacteriófagos: la protección de cultivos amplía sus fronteras

El movimiento excede a una única tecnología. En Estados Unidos, EcoPhage obtuvo en septiembre la aprobación de la EPA para GoldenEco, un biopesticida basado en bacteriófagos dirigido al control de enfermedades bacterianas provocadas por Xanthomonas y Pseudomonas en tomate y pimiento. Los bacteriófagos son virus capaces de infectar bacterias específicas, por lo que representan una vía diferente de control biológico. Previamente, la EPA había establecido exenciones de tolerancia para residuos de los bacteriófagos utilizados por el producto, una decisión regulatoria relevante para esta clase de herramientas.

Estas innovaciones muestran que el concepto de bioinsumo agrícola está ampliándose rápidamente. Ya no comprende solamente inoculantes, microorganismos benéficos o bioestimulantes: incorpora macromoléculas, bacteriófagos y otras herramientas biotecnológicas. La tendencia podría tener implicancias para las cadenas de valor agroalimentarias latinoamericanas, donde la presión por mejorar la eficiencia productiva convive con mayores exigencias sobre residuos, trazabilidad y sustentabilidad. Sin embargo, una tecnología biológica no garantiza por sí misma mejores resultados: la consistencia agronómica y la relación costo-beneficio seguirán definiendo su adopción.

Brasil aparece en este escenario no sólo como territorio para los nuevos ensayos. La Ley 15.070 de 2024 creó un marco específico para los bioinsumos, que comprende producción, importación, exportación, registro, comercialización, investigación y uso, incluyendo bioestimulantes, agentes biológicos de control, biofertilizantes e inoculantes. Durante 2026, el Ministerio de Agricultura brasileño avanzó además en el proceso de reglamentación. La normativa separó a estos productos del régimen general de agrotóxicos y estableció reglas propias, un cambio que puede resultar determinante para transformar innovación científica en tecnologías disponibles comercialmente.

A ese marco se agregó otro movimiento reciente. Brasil sancionó el 3 de septiembre de 2026 la ley que creó el Programa de Desarrollo de la Industria de Fertilizantes (Profert), que contempla fertilizantes, materias primas, remineralizadores, bioinsumos y biofertilizantes producidos en el país. Entre sus objetivos aparecen reducir la dependencia externa, disminuir costos de la cadena agropecuaria y fortalecer la seguridad de abastecimiento. La incorporación explícita de los bioinsumos muestra que estas tecnologías empiezan a ser consideradas también desde una perspectiva industrial, de financiamiento y autonomía productiva.

América Latina ante una carrera que se juega en el lote y en la regulación

Para América Latina, la oportunidad va más allá de sustituir parcialmente insumos químicos. Brasil, Argentina, México y otros grandes productores cuentan con agricultura extensiva, capacidades científicas y una enorme diversidad biológica, factores que pueden favorecer investigación, producción y adopción de soluciones biológicas. Pero escalar exige infraestructura, tecnificación, financiamiento, protocolos de calidad y marcos regulatorios previsibles. México, por ejemplo, mantiene procedimientos específicos ante Cofepris para el registro sanitario de plaguicidas de bajo riesgo, mostrando que la regulación será una pieza central de esta transformación regional.

También existe una dimensión comercial. Para las exportaciones agroalimentarias latinoamericanas, tecnologías capaces de integrarse a estrategias de manejo con menores residuos pueden adquirir relevancia frente a normas fitosanitarias, límites máximos de residuos, trazabilidad y tendencias de consumo global. Pero será necesario evitar simplificaciones: los productos biológicos deberán probar eficacia estable bajo condiciones reales, compatibilidad con manejo integrado de plagas y viabilidad económica. La ventaja comparativa de la región dependerá menos de la etiqueta «biológico» que de su capacidad para incorporar innovación sin perder productividad ni competitividad.

El ingreso de los bioinsecticidas de ARN a ensayos globales con participación brasileña funciona así como una señal de un proceso mayor. La próxima frontera de la protección de cultivos combinará química, biología, biotecnología y agricultura digital, con decisiones cada vez más ajustadas al ambiente y al objetivo productivo. Para América Latina, el desafío será convertir su escala agrícola y su biodiversidad en capacidad de innovación y valor agregado. La carrera por los bioinsumos ya no se juega únicamente en los laboratorios: empieza a definirse en los lotes, en las agencias regulatorias y en la capacidad de llevar tecnologías consistentes hasta el productor.