Desigualdad productiva: por qué Estados Unidos y Brasil superan ampliamente a la Argentina en agricultura
Aunque las tecnologías agrícolas están disponibles en los tres países, las condiciones económicas, institucionales y de infraestructura determinan resultados muy distintos. Expertos advierten que Argentina podría duplicar su producción hacia 2030 si logra estabilidad y previsibilidad.
La comparación entre los sistemas agrícolas de Estados Unidos, Brasil y Argentina muestra una brecha cada vez más profunda en superficie cultivada, rendimiento y políticas públicas. En los últimos cinco años, EE. UU. sembró entre trigo, maíz y soja unas 82 a 84 millones de hectáreas, con un rendimiento promedio de 6,5 toneladas por hectárea y una producción total cercana a 540 millones de toneladas. Brasil, con 68 a 69 millones de hectáreas, alcanzó entre 275 y 277 millones de toneladas, mientras que Argentina apenas llegó a 28 a 29 millones de hectáreas, con una producción total de 100 a 107 millones de toneladas y un rendimiento de 3,7 a 4 toneladas por hectárea.
La diferencia en superficie disponible es significativa: mientras Estados Unidos se mantiene estable desde hace una década, Argentina creció un 8% y Brasil un 41%, impulsado por la incorporación de nuevas áreas productivas en los Cerrados del nordeste. Sin embargo, el contexto económico argentino continúa siendo una limitante.
La nota de TodoAgro explica que la pregunta clave es si Argentina aplica toda la tecnología disponible para maximizar sus rendimientos, y la respuesta es no. Aunque las tecnologías son accesibles en los tres países, el “Costo Argentino” —derivado de la inestabilidad macroeconómica, la presión fiscal y la falta de financiamiento— impide que los productores inviertan y adopten innovaciones.
Durante una visita de la Fundación Producir Conservando a Estados Unidos (Kentucky, Tennessee y Arkansas), se observó que los productores norteamericanos también enfrentan márgenes negativos por la baja de precios internacionales. No obstante, su fortaleza radica en la previsibilidad: una Política Agrícola renovada cada cinco años por el Congreso fija reglas claras, programas de apoyo, incentivos y subsidios que permiten planificar a largo plazo.
En Estados Unidos, entre el 70% y el 75% de la superficie se siembra bajo contratos de arrendamiento prolongados, lo que posibilita aplicar tecnologías cuyos beneficios se consolidan en el mediano y largo plazo, como la siembra directa, los cultivos de cobertura, la reposición de nutrientes y el riego.
Brasil, sin copiar el modelo estadounidense, ha sostenido un respaldo institucional que permitió incrementar su producción de 168 a 304 millones de toneladas entre 2015 y 2023. En el mismo período, Argentina solo creció de 101 a 118 millones.
Pese a sus limitaciones, el país posee condiciones naturales que le permitirían alcanzar rendimientos muy superiores. La Fundación Producir Conservando proyecta que hacia 2030 podrían lograrse 170 millones de toneladas, siempre que se superen las restricciones institucionales, macroeconómicas, fiscales y de infraestructura que hoy frenan las inversiones.
“Es un momento decisivo para revertir esta tendencia”, concluye el artículo de TodoAgro, y sostiene que “dejar de castigar a quienes producen para exportar es apostar al camino que históricamente más ha hecho crecer al país”.