El agro colombiano cayó 2,1% en el segundo trimestre y enfrenta un semestre con múltiples presiones
El sector agropecuario profundizó su deterioro con una contracción del 2,1% entre abril y junio, afectado principalmente por los cultivos sin café y la debilidad en la industria de alimentos procesados.
El sector agropecuario colombiano atraviesa un momento complejo. Según la radiografía trimestral elaborada por la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercados de Bancolombia, el PIB real del agro retrocedió 2,1% durante el segundo trimestre de 2026, profundizando la caída del 1,4% registrada en el primer tramo del año. Con este resultado, el sector acumuló un decrecimiento de 1,7% al cierre del primer semestre.
El principal lastre estuvo en los cultivos sin café, que representan casi el 60% del PIB real agropecuario del país y cayeron un 4,4% en el período. Aunque el sector cafetero pasó a terreno positivo con un crecimiento del 16,4%, no logró compensar el mal desempeño del resto de los cultivos. Entre los transitorios, el arroz fue uno de los más afectados con una contracción del 16,6% frente al mismo trimestre de 2025. El informe también señala que las siembras de maíz amarillo y blanco realizadas durante el segundo semestre de 2025 fueron inferiores a las del mismo período de 2024, y se observaron caídas adicionales en leguminosas, frutas y flores.
La debilidad del sector primario se trasladó a la industria de alimentos procesados. En el acumulado a junio, el procesamiento de carnes y pescado cayó 4,2%; la elaboración de aceites, 2,1%; la molinería de cereales, 1,7%; la panadería, 4,6%, y la industria de cacao, chocolatería y confitería, 18,8%. La industria láctea fue la excepción, con un crecimiento del 4,4%, según el informe del Grupo Cibest.
El segundo semestre no se presenta menos desafiante. Bancolombia advierte que el comportamiento del agro durante el resto de 2026 estará condicionado por múltiples factores de presión. Entre ellos, el fenómeno de El Niño, que podría impactar especialmente a los cultivos de ciclo corto y a la ganadería de carne y leche; la apreciación del peso colombiano y el aumento de costos vía inflación; la incertidumbre en los precios de los fertilizantes; y los efectos del terremoto del 10 de agosto. Sobre este último punto, el informe señala que hasta el momento no se conocen reportes de daños graves en cultivos, pero advierte sobre las dificultades para que los trabajadores lleguen a sus lugares de trabajo debido a afectaciones en vías rurales y puentes.
La logística y la comercialización también representan un reto importante, especialmente para el sector pecuario. El documento alerta sobre el posible deterioro de inventarios de productos perecederos como la leche, y sobre los riesgos para la avicultura y la porcicultura si no se logra transportar a tiempo el alimento balanceado.
Otro factor que genera presión sobre los productores es el comportamiento de los fertilizantes. El informe señala que los fuertes incrementos registrados en el precio internacional de la urea entre marzo y mayo, asociados al conflicto en el estrecho de Ormuz, todavía se reflejan en los precios de importación en Colombia. Aunque el mercado global retornó en junio a niveles previos al conflicto, la transmisión de estos movimientos a las compras externas puede tardar entre tres y seis meses. Además, persiste la incertidumbre en los fertilizantes fosfatados debido a las restricciones al comercio internacional de países como China y Rusia y a las dificultades de acceso al azufre.
Con este panorama, Bancolombia advierte que el agro colombiano encara un segundo semestre retador, marcado por la combinación de condiciones climáticas, costos, movimientos de la tasa de cambio y el comportamiento desigual de las diferentes ramas que componen el sector.