El Niño golpea al campo centroamericano: se pierde el maíz y productores venden su ganado

La falta de lluvias castiga cultivos y pasturas en el Corredor Seco. En Honduras ya muere ganado y la producción de leche cayó con fuerza en algunas fincas. La OMM prevé que el fenómeno se extienda hasta febrero de 2027 y alcance una intensidad muy fuerte.

Campos de maíz secos, pasturas sin capacidad para alimentar al ganado y productores que comienzan a vender sus vacas antes de perderlas. El Niño ya está golpeando la producción agropecuaria del Corredor Seco centroamericano, especialmente en Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, después de meses con lluvias por debajo de lo normal y períodos secos prolongados. La situación adquiere una dimensión mayor por las últimas previsiones: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) considera prácticamente seguro que el fenómeno continúe hasta febrero de 2027 y prevé que alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de este año.

El impacto se observa primero en las pequeñas explotaciones que dependen directamente de la lluvia. En San Lorenzo, en el sur de Honduras, parcelas que deberían estar cubiertas de maíz permanecen secas y algunos productores aseguran que perderán prácticamente toda la cosecha. En comunidades del norte de Guatemala, agricultores que producen granos para autoconsumo ya deben comprarlos y reportan valores del maíz hasta 50% superiores a los habituales, según testimonios recogidos en la zona. La escasez deja así de ser únicamente un problema productivo: una familia que pierde su cultivo también debe salir al mercado a comprar el alimento que antes obtenía de su propia parcela.

La dimensión del riesgo había sido advertida antes de que la sequía alcanzara su actual severidad. Un análisis de la FAO basado en 41 años de imágenes satelitales identificó al Corredor Seco de Centroamérica entre las áreas agrícolas más expuestas al actual episodio de El Niño. En algunas zonas de cultivos y pasturas, la probabilidad de enfrentar condiciones de sequía durante los próximos meses supera el 50%, un dato especialmente sensible para sistemas productivos con fuerte dependencia de las precipitaciones.

Sin pasto ni agua, las vacas también empiezan a salir de las fincas

El deterioro de las pasturas está trasladando la crisis hacia la ganadería. En San Lorenzo, Honduras, productores contabilizan alrededor de 100 vacas muertas durante los últimos meses, mientras otros optan por desprenderse anticipadamente de animales para evitar perder todo su valor. La falta de agua y alimento también reduce la producción: un pequeño ganadero que perdió una vaca y vendió otras dos aseguró que las tres que conserva producen apenas una cuarta parte de la leche habitual.

Para las explotaciones familiares, vender animales en plena sequía puede resolver una necesidad inmediata de dinero, pero también significa desprenderse de un activo productivo difícil de recuperar. Una vaca representa leche, alimentos e ingresos recurrentes para el hogar. Cuando numerosos productores necesitan vender al mismo tiempo y bajo presión, además, su capacidad para negociar el precio de los animales se debilita.

La gravedad del problema ganadero ya había llevado a la FAO a desplegar asistencia en el Corredor Seco hondureño. Un programa iniciado este año destina US$2,15 millones a 20.000 personas de Choluteca, Valle y Comayagua e incluye sistemas de riego, kits agrícolas e insumos pecuarios. También contempla vacunación y asistencia veterinaria para proteger cerca de 49.000 animales, considerados esenciales para los ingresos y la alimentación de las familias rurales.

La falta de agua también obliga a abandonar otras producciones. En El Matazano, El Salvador, un tanque comunitario que abastecía a unas 50 familias permitía además mantener un estanque con aproximadamente 1.000 tilapias destinadas al consumo y la venta. La reducción de las reservas obligó a dejar los peces y reservar el recurso disponible para las necesidades básicas de la población.

El temor ahora es llegar a 2027 con menos alimentos y precios más altos

El escenario regional preocupa porque el daño de una campaña no termina cuando vuelve la lluvia. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) proyecta que más de 16 millones de personas podrían verse afectadas por inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe bajo el impacto de El Niño. Dentro de ese panorama, Centroamérica aparece como la zona más expuesta: el organismo calcula un posible aumento de 83,1% en la inseguridad alimentaria, el mayor incremento proporcional entre todas las regiones estudiadas.

Las pérdidas de maíz y otros granos básicos tienen además consecuencias sobre los mercados locales. El PMA advierte que el período seco prolongado ya provocó daños y pérdidas agrícolas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Una menor cosecha puede traducirse en más precios, menos empleo para trabajadores rurales temporarios y menores ingresos en hogares que simultáneamente necesitan comprar una proporción mayor de sus alimentos.

La respuesta comenzó incluso antes de que El Niño alcanzara su actual intensidad. En marzo, el PMA destinó US$3,8 millones a medidas anticipatorias para unas 75.000 personas de Honduras, Guatemala y El Salvador, mientras desde mayo activó nuevos programas en Guatemala y El Salvador. A escala internacional, FAO y PMA también impulsaron un plan para proteger a cerca de 9 millones de personas en 22 países, con semillas tolerantes a la sequía, protección del ganado, almacenamiento de agua y asistencia económica.

El calendario climático deja poco margen para esperar una normalización rápida. La OMM estima una probabilidad cercana al 100% de que El Niño permanezca activo hasta febrero de 2027 y anticipa que llegará a una intensidad muy fuerte antes de alcanzar su máximo hacia finales de 2026. El PMA advierte, además, que sus consecuencias sobre las cosechas y la disponibilidad de alimentos pueden sentirse durante buena parte del próximo año. Para los pequeños productores del Corredor Seco, cada semana sin lluvias suficientes significa menos maíz almacenado, menos alimento para el ganado y menos recursos para comenzar la próxima campaña.