Fuerte déficit hídrico en enero amenaza la campaña de soja y maíz en la región núcleo
Las lluvias quedaron muy por debajo de lo normal y el estrés hídrico ya provoca recortes de rinde, especialmente en soja de primera y maíz tardío. La evolución dependerá de nuevas precipitaciones en el corto plazo.
El mes de enero cerró con un marcado déficit de precipitaciones en la región núcleo, encendiendo señales de alerta para los principales cultivos de la campaña gruesa. En promedio, se registraron apenas 38 milímetros de lluvia cuando lo habitual para este período ronda entre 100 y 120 mm, lo que equivale a una caída cercana al 65% respecto de los valores históricos.
Según datos relevados por la red de estaciones meteorológicas de la Bolsa de Comercio de Rosario, solo una localidad alcanzó la media histórica: General Pinto, en el noroeste bonaerense, con 122 mm acumulados. En contraste, la franja central de la región núcleo muestra el escenario más comprometido, con registros extremadamente bajos, como los 9 mm medidos en Álvarez y valores apenas superiores en Pujato, Maggiolo y Godeken.
Este contexto comienza a reflejarse con fuerza en los cultivos. La soja de primera atraviesa su período más sensible para la definición del rendimiento, con la mayor parte del área entre fructificación y comienzo del llenado de granos. En las zonas donde las lluvias no llegaron, el impacto ya es visible: en el noreste de la provincia de Buenos Aires se estiman pérdidas potenciales que podrían alcanzar hasta el 50%, mientras que en el sur de Santa Fe los técnicos advierten síntomas generalizados de marchitez, caída de flores y estrés hídrico severo. Informes técnicos difundidos en el ámbito agrícola nacional —como los elaborados por TodoAgro— advierten que, de persistir la sequía, los recortes de rinde podrían ampliarse en los próximos días.
En otras áreas, las precipitaciones puntuales de la última semana permitieron sostener parcialmente el estado del cultivo. Lotes con mejores suelos y manejos más eficientes aún conservan chances de alcanzar rindes aceptables, aunque el margen de maniobra se reduce con cada jornada sin lluvias significativas. A este escenario se suma la aparición de plagas asociadas a condiciones de sequía y altas temperaturas, como arañuelas y trips, que obligaron a intensificar controles sanitarios.
La soja de segunda presenta un panorama más heterogéneo. Cerca de la mitad de los lotes continúa en estadios vegetativos y todavía mantiene capacidad de recuperación si se concretan nuevas lluvias. En algunas localidades, las precipitaciones recientes llegaron “justo a tiempo” para reactivar el crecimiento. Sin embargo, en zonas como Marcos Juárez, Bigand y Pergamino persisten el estrés térmico e hídrico, con plantas de desarrollo lento y dificultades para superar el rastrojo, lo que compromete el potencial productivo si el patrón seco continúa.
El maíz tardío y de segunda también muestra signos de deterioro. Aproximadamente la mitad del área se encuentra en estado regular, con unas 90.000 hectáreas fuertemente afectadas por la falta de agua y las altas temperaturas. Si bien en el noroeste bonaerense los lotes mejor posicionados lograron sostener un buen estado general gracias a lluvias oportunas, el sur santafesino y el sudeste cordobés exhiben cuadros estancados, plantas acartuchadas y una fuerte dependencia de precipitaciones inmediatas para evitar mayores pérdidas.
Con este panorama, la evolución de la campaña queda atada a la llegada de lluvias en el corto plazo. De no revertirse el déficit hídrico, los técnicos advierten que los ajustes de producción podrían profundizarse, especialmente en las zonas más castigadas de la región núcleo.