La baja de la urea mejora las perspectivas de fertilización para trigo y maíz

El precio del fertilizante cayó entre 25% y 30% en el último mes y se ubica entre US$650 y US$700 por tonelada. La baja abre una ventana para refertilizar trigo en agosto y mejora las proyecciones para la próxima siembra de maíz.

La fuerte caída del precio de la urea comenzó a modificar las expectativas de los productores de cara a la campaña de trigo y a la próxima siembra de maíz. El fertilizante, que hace un mes rondaba los US$950 por tonelada, ahora se ubica en un rango de entre US$650 y US$700, lo que implica una baja de entre 25% y 30%.

Con valores más cercanos a niveles considerados normales, muchos productores empiezan a revisar sus decisiones de inversión. El nuevo escenario abre la posibilidad de reforzar la fertilización nitrogenada en trigo durante agosto y, al mismo tiempo, mejora las condiciones para pensar en una expansión del área de maíz.

De acuerdo con lo informado por TodoAgro, la baja de la urea genera un cambio relevante en el cálculo económico de los productores, especialmente en un contexto en el que la disponibilidad de agua no aparece como una limitante importante para la campaña.

Desde la Bolsa de Comercio de Rosario señalaron que no suele ser habitual aplicar nitrógeno después de la siembra en la región núcleo. Sin embargo, con una fertilización nitrogenada más accesible, los productores comenzaron a evaluar la posibilidad de realizar refertilizaciones a mayor escala.

El objetivo es apuntalar el potencial de rendimiento del trigo en una campaña que, por ahora, presenta buenas perspectivas climáticas. La estrategia apunta a generar los kilos necesarios para mejorar los márgenes económicos y compensar otros factores que vienen afectando la rentabilidad.

El informe de la Bolsa también indica que ya hay zonas donde se observa una reactivación en las ventas de fertilizantes. Muchos productores planean completar las aplicaciones durante el macollaje, etapa clave para definir parte del rendimiento del cultivo.

A pesar de la baja en la urea, los márgenes del trigo no muestran una mejora automática. Según el reporte, el margen neto proyectado para campo propio se ubica actualmente en US$86 por hectárea, unos US$8 menos que hace un mes. En campo alquilado, la diferencia respecto de mayo es de US$3 menos, con un resultado de US$106 por hectárea.

La mejora que podría haber generado el menor costo del fertilizante fue neutralizada por otros factores. Uno de los principales fue la caída del precio esperado de cosecha, que pasó de US$231 a US$212 por tonelada, una baja del 8%.

Esa reducción respondió a una mayor expectativa de oferta mundial de trigo. Aunque todavía persisten problemas de sequía en algunas regiones productoras, el mercado interpretó que la disponibilidad global del cereal sería suficiente para abastecer la demanda.

Otro elemento que presiona sobre los números son los mayores costos de labores. La Bolsa destacó que una suba cercana al 8% en el valor de la Unidad Tarifaria Agropecuaria impulsó un aumento de los costos de laboreo.

En comparación con el año pasado, esos costos acumulan incrementos de entre 70% y 150%, según el tipo de labor y el rubro considerado. Ese encarecimiento limita el impacto positivo de la baja de la urea sobre los márgenes finales del productor.

En el caso del maíz, el nuevo precio del fertilizante también aparece como una señal favorable. La reducción del costo de la urea mejora la relación insumo-producto y podría impulsar una mayor intención de siembra en la próxima campaña.

El cambio de precios llega en un momento clave para la toma de decisiones productivas. Con una urea más accesible, mejores condiciones hídricas y expectativas de rindes favorables, los productores vuelven a poner sobre la mesa inversiones que hasta hace pocas semanas parecían más difíciles de justificar.

El escenario, sin embargo, sigue atravesado por la volatilidad de los precios internacionales, el aumento de los costos internos y la necesidad de ajustar cada decisión al margen esperado de cada lote. Aun así, la baja de la urea abre una oportunidad concreta para mejorar la nutrición de los cultivos y sostener el potencial productivo de la campaña.