La Fortuna convierte el turismo en desarrollo comunitario en Costa Rica

La catarata Río La Fortuna, ubicada entre los sitios turísticos mejor valorados del mundo, es administrada por una asociación comunal. Los ingresos generados por los visitantes se reinvierten en infraestructura, servicios sociales, cultura y mejoras para una comunidad de unos 15.000 habitantes.

La Fortuna consolidó un modelo turístico en el que los beneficios de una de sus principales atracciones se destinan directamente al desarrollo de la comunidad. La catarata Río La Fortuna, una caída de agua de más de 70 metros rodeada de selva tropical, recibe alrededor de 350.000 visitantes al año y es administrada por una organización integrada por vecinos.

El atractivo fue reconocido recientemente entre el 1% de los mejores sitios para visitar en el mundo, de acuerdo con las valoraciones de Tripadvisor. Casi la mitad de los turistas que llegan a La Fortuna, uno de los destinos más visitados de Costa Rica, incluye la catarata dentro de su recorrido por la zona del volcán Arenal.

Según informó El País, el espacio pertenece a la Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna, una entidad privada sin fines de lucro y de interés público. A diferencia de otros negocios turísticos, los recursos obtenidos por las entradas no se distribuyen entre empresarios o cadenas internacionales, sino que financian proyectos comunitarios.

La organización, conocida como Adifort, administra activos valuados en cerca de US$44 millones y cuenta con aproximadamente 500 afiliados locales. Además de la catarata, posee y gestiona espacios como un centro comercial, la estación de autobuses, el campo de fútbol y la plaza central de la localidad.

Los ingresos permitieron construir una piscina semiolímpica utilizada por adultos mayores, mejorar el ornato urbano y financiar actividades culturales, servicios comunitarios y ayudas sociales. La asociación estima que el 95% de sus recursos proviene de su propia gestión, mientras que el aporte estatal representa una proporción minoritaria.

La historia del proyecto se remonta a la erupción del volcán Arenal de 1968, que destruyó parte del territorio y motivó políticas para mantener a la población en la zona. Durante la década de 1970, el Estado entregó terrenos a vecinos para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas.

Uno de esos lotes contenía una zona de difícil aprovechamiento productivo debido a su relieve y fue donado a la asociación comunal. Con el paso del tiempo, los habitantes comenzaron a reconocer el valor turístico de la catarata, que inicialmente solo podía visitarse mediante senderos de barro y descensos con cuerdas o bejucos.

La transformación de La Fortuna en uno de los principales polos turísticos de Costa Rica permitió desarrollar mejores accesos, medidas de seguridad y servicios complementarios. Actualmente, los visitantes pueden llegar con mayor facilidad y combinar la experiencia natural con una oferta amplia de hoteles, restaurantes, aguas termales y actividades de aventura.

El modelo busca aprovechar esa expansión turística sin perder el control comunitario sobre uno de los principales recursos naturales de la zona. Los dirigentes de Adifort consideran que la experiencia demuestra que otras localidades pueden gestionar sus propios atractivos y reinvertir los ingresos en obras que beneficien a sus habitantes.

La asociación adquirió recientemente un nuevo terreno junto a la catarata y proyecta construir un puente de cristal frente a la caída de agua. También analiza diseñar un itinerario que permita a los turistas conocer las obras financiadas con los ingresos de la actividad y comprender mejor la historia de la comunidad.

Entre los posibles puntos de ese recorrido aparece el cementerio local, donde se encuentra una fosa común con víctimas de la erupción del Arenal. La propuesta busca conectar el turismo natural con la memoria histórica y mostrar cómo un desastre ocurrido hace más de cinco décadas influyó en la transformación económica de La Fortuna.

El caso refleja una modalidad de turismo en la que la conservación ambiental, la calidad de los servicios y la generación de ingresos se articulan con objetivos sociales. La gestión comunitaria de la catarata permite que una parte significativa del valor generado por los visitantes permanezca en el territorio y financie proyectos de largo plazo.