Resurge en los mercados la estrategia de “vender Estados Unidos”

Las decisiones económicas de Washington reavivaron las dudas sobre la inflación, la independencia de la Reserva Federal y la fortaleza del dólar. Algunos inversores comienzan a reducir su exposición a bonos del Tesoro y a la moneda estadounidense.

Los mercados globales volvieron a debatir la estrategia conocida como “Sell America”, que implica reducir posiciones en activos estadounidenses, ante una combinación de señales provenientes de Washington que aumentaron la incertidumbre sobre la política monetaria, cambiaria y fiscal.

Uno de los principales factores de preocupación es la conducción de la Reserva Federal bajo Kevin Warsh. Su política de comunicación más limitada generó interrogantes entre los inversores sobre la estrategia del banco central para controlar la inflación y mantener la credibilidad de la política monetaria.

A esto se sumaron los contactos frecuentes entre el presidente Donald Trump y Warsh desde que este último asumió al frente de la Fed. Aunque no existen indicios de que hayan discutido directamente sobre tasas de interés, la relación volvió a poner el foco sobre la independencia del organismo.

Según informó Bloomberg Línea, otro elemento que generó inquietud fue la decisión del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de respaldar una intervención para fortalecer al yen japonés. La operación representó el primer esfuerzo coordinado de este tipo en casi tres décadas y fue ejecutada mediante la venta de euros para evitar un impacto directo sobre los bonos estadounidenses.

La medida, sin embargo, abrió interrogantes sobre sus posibles consecuencias para el dólar. A ello se suman las preocupaciones por el déficit fiscal, las tensiones comerciales y el conflicto en Medio Oriente, factores que podrían ejercer nuevas presiones sobre la inflación.

Los efectos ya comenzaron a observarse en los mercados. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años superó recientemente el 5% y alcanzó su nivel más elevado desde 2007, aunque luego moderó parte de esa suba.

El dólar, en tanto, se debilitó frente a casi todas las monedas del Grupo de los 10 durante el último mes, pese al aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, una combinación poco habitual debido a que tasas más elevadas suelen favorecer a la moneda.

Algunos gestores comenzaron a incorporar una prima adicional por el riesgo asociado a las decisiones de la administración Trump. Desde Gama Asset Management señalaron que la incertidumbre política está llevando a reducir posiciones tanto en bonos del Tesoro como en dólares.

La estrategia de vender activos estadounidenses ya había ganado fuerza en abril de 2025, cuando los anuncios de nuevos aranceles provocaron caídas simultáneas en el dólar, las acciones y los títulos públicos. Aunque aquel movimiento perdió intensidad rápidamente, dejó abierto el debate sobre la capacidad de Estados Unidos para sostener déficits elevados apoyándose en el rol internacional de su moneda.

El escenario actual, sin embargo, presenta diferencias. Las acciones estadounidenses mantienen un desempeño sólido y el impulso de las compañías tecnológicas llevó al S&P 500 a niveles récord. Además, los inversores extranjeros todavía poseen alrededor de US$9,4 billones en bonos del Tesoro, un 4% más que un año antes.

A pesar de ello, persisten dudas en los mercados de deuda y divisas. Algunos inversores consideran que una falta de claridad por parte de la Reserva Federal podría debilitar su capacidad para controlar las expectativas inflacionarias y aumentar la volatilidad en los títulos de largo plazo.

También existe preocupación por el impacto que podría generar una intervención más profunda sobre el yen. Japón, principal tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, posee más de US$1 billón en bonos del Tesoro y eventualmente podría utilizar parte de esas reservas para financiar operaciones cambiarias.

El índice Bloomberg Dollar Spot acumula una caída cercana al 2% desde el máximo registrado en junio. Algunos estrategas proyectan incluso una depreciación adicional del dólar de entre 3% y 4% durante los próximos doce meses.

La situación fiscal agrega otro elemento de presión. El Tesoro estadounidense elevó sus necesidades estimadas de financiamiento para el trimestre actual hasta US$739.000 millones, en un contexto en el que la emisión de deuda continúa aumentando.

La prima por plazo de los bonos a 30 años, que representa la compensación adicional exigida por los inversores para mantener títulos de mayor duración, llegó al 1,56%, su nivel más alto desde 2013.

Pese a estas señales, los analistas todavía descartan una pérdida generalizada de confianza en los activos estadounidenses. El dólar conserva su posición dominante en el mercado cambiario global y los bonos del Tesoro continúan funcionando como referencia internacional de activos considerados seguros.

El debate se concentra, por lo tanto, en si la combinación de mayor endeudamiento, incertidumbre sobre la Reserva Federal y decisiones cambiarias menos previsibles puede erosionar gradualmente el atractivo de Estados Unidos para los flujos internacionales de capital.