Una caída del 38% en el S&P 500: el escenario de IA que encendió alarmas en Wall Street

Un informe de Citrini Research plantea que el éxito de la inteligencia artificial podría debilitar el ingreso laboral y afectar consumo, crédito y valuaciones bursátiles. El mercado reaccionó con mayor volatilidad.

Un documento reciente de Citrini Research generó inquietud entre operadores e inversores al esbozar un escenario en el que la expansión de la inteligencia artificial no impulsa un nuevo ciclo de crecimiento, sino que desencadena tensiones estructurales en la economía basada en el ingreso laboral.

El análisis, difundido por Bloomberg Línea, no presenta una proyección cerrada ni fija plazos concretos, pero sí modela una hipótesis: si la automatización avanza con mayor rapidez que la capacidad de adaptación del mercado laboral, podría erosionarse la masa salarial que sostiene el consumo, el crédito y la recaudación fiscal.

La tesis parte de una premisa incómoda. La IA aumenta productividad y márgenes empresariales, pero también reemplaza tareas humanas, en especial en segmentos white-collar. Si bien la mejora de utilidades puede impulsar inicialmente a las bolsas a máximos históricos, la desconexión entre beneficios corporativos y poder adquisitivo podría terminar afectando la demanda agregada.

Productividad versus demanda

El informe describe una secuencia hipotética que comenzaría en 2026 con avances en herramientas de programación y automatización capaces de replicar productos en semanas. Las compañías optimizan costos laborales y elevan rentabilidad, lo que sostiene el entusiasmo bursátil en una primera fase.

Sin embargo, según el planteo, la mayor eficiencia no necesariamente se traduce en ingresos para los hogares desplazados. En una economía donde el consumo representa cerca del 70% del PIB estadounidense, una contracción en los salarios impacta directamente en el gasto.

Citrini sostiene que este proceso podría generar un “bucle de retroalimentación”: reducción de nóminas, reinversión en IA y nuevas rondas de automatización. El deterioro sería especialmente sensible en segmentos de altos ingresos, que concentran más del 50% del gasto total y son determinantes para el crédito hipotecario y el consumo durable.

El posible ajuste bursátil

El escenario más extremo delineado por el informe contempla una caída del 38% en el S&P 500 desde máximos alcanzados en 2026, en un contexto donde el desempleo superaría el 10%. Incluso se menciona la posibilidad de un ajuste equiparable en magnitud al observado durante la crisis financiera global, aunque sin equiparar causas.

En este marco, la renta fija reflejaría antes el deterioro macroeconómico. Un descenso en los rendimientos de los bonos del Tesoro indicaría expectativas de menor crecimiento y presiones deflacionarias.

Paradójicamente, el informe prevé divergencias sectoriales: mientras el consumo y el empleo de servicios se debilitan, compañías vinculadas a semiconductores y centros de datos podrían sostener ingresos récord gracias a inversiones masivas en infraestructura tecnológica.

Riesgo sistémico y debate abierto

El análisis también advierte sobre el impacto potencial en el crédito privado, que creció con fuerza en la última década financiando adquisiciones apalancadas de empresas tecnológicas. Una reducción de ingresos recurrentes podría tensionar calificaciones crediticias y generar defaults.

Asimismo, se examina el efecto sobre plataformas digitales y marketplaces, cuyos modelos basados en comisiones podrían enfrentar mayor competencia si agentes automatizados optimizan decisiones de compra.

Más allá de los puntos discutibles, la idea central que agitó a Wall Street no fue un fracaso de la IA, sino su éxito en un entorno institucional que no logre adaptarse con igual velocidad. Si la estructura de ingresos de los hogares cambia de manera permanente, también lo harán las valuaciones bursátiles, la dinámica crediticia y la sostenibilidad fiscal.

El documento no anticipa un colapso inevitable, pero sí cuestiona el supuesto dominante de que la inteligencia artificial es, sin matices, un motor expansivo. En un mercado que hasta ahora celebró la automatización como impulso para las utilidades, la hipótesis de un impacto contractivo reabrió el debate sobre los costos distributivos de la próxima ola tecnológica.