La industria automotriz entra en 2026 con una alerta: vende más, exporta menos

El mercado interno mostró una fuerte recuperación en 2025, pero la producción nacional quedó rezagada frente al boom de autos importados. La competitividad exportadora será el eje central del próximo año.

El sector automotor argentino cerró 2025 con números que, a primera vista, parecen positivos: el total de patentamientos creció casi un 48% y superó las 612.000 unidades. Sin embargo, detrás de ese repunte se esconde un desequilibrio que preocupa a las terminales: los vehículos fabricados en el país crecieron apenas 7,5%, mientras que las importaciones casi se duplicaron.

De las ventas totales del año pasado, sólo el 40% correspondió a autos nacionales. En términos absolutos, se comercializaron cerca de 245.000 unidades producidas localmente, frente a más de 367.000 vehículos traídos del exterior. En comparación con 2024, el incremento existe, pero queda muy por debajo del ritmo del mercado general.

Este escenario se vuelve aún más delicado al observar el frente externo. Según estimaciones del sector —que serán confirmadas con los datos oficiales de Adefa— las exportaciones de autos argentinos rondaron las 285.000 unidades en 2025, cerca de un 10% menos que el año anterior. La caída contrasta con el fuerte avance de las importaciones y genera una balanza comercial menos favorable para una de las industrias que más dólares aporta a la economía.

En análisis recientes publicados por especialistas del sector, como los que viene realizando Diego Zorrero, se advierte que el problema central no es la falta de demanda, sino la pérdida de competitividad frente a un mercado global cada vez más saturado, especialmente por la oferta asiática.

El principal destino de los autos argentinos, Brasil, refleja con claridad esta tendencia. En 2024 absorbió más del 70% de las exportaciones locales, pero en 2025 las ventas hacia ese país habrían caído alrededor de un 14%. Esto implica menos producción, menor uso de capacidad instalada y presión adicional sobre los costos.

Durante el último año, el Gobierno avanzó en algunas medidas que aliviaron la situación financiera de las automotrices, como la reducción de plazos de pago al exterior, la eliminación del impuesto PAIS para autopartes importadas y la corrección de distorsiones impositivas en Aduana. No obstante, estos cambios no alcanzaron para sostener el volumen exportador.

Uno de los reclamos persistentes del sector es la eliminación de las retenciones a las exportaciones de vehículos, un impuesto que, aunque no afecta a todos los modelos, sigue impactando en productos clave como pick-ups y autos de alto volumen. Paradójicamente, algunos de los vehículos más exportados son también los que más tributan.

Más allá de los impuestos, las terminales coinciden en que la estrategia de mediano plazo pasa por un cambio profundo en el perfil productivo. La apuesta ya no está puesta en autos compactos o SUV, sino en utilitarios y pick-ups, que tienen mayor demanda regional y menor competencia externa. Por eso, varias plantas están reorientando su producción y anunciaron nuevos modelos con foco exportador a partir de 2026 y 2027.

El desafío inmediato, sin embargo, es atravesar 2026 con una mejora concreta en las ventas al exterior. Para lograrlo, la industria reclama medidas de corto plazo: reducción de impuestos provinciales y municipales, alivio en cargas financieras y reglas claras que permitan planificar inversiones.

Con vencimientos clave de deuda previstos para 2027, el próximo año aparece como decisivo. Si las exportaciones no se recuperan, el crecimiento del mercado interno podría no ser suficiente para sostener a una industria que necesita volver a equilibrar ventas, producción y generación de divisas.