La industria petrolera venezolana transita hacia una apertura gradual con cautela internacional
Chevron aumentó su producción a 280.000 barriles diarios y BP avanzó en gas offshore, aunque las empresas exigen reglas fiscales más competitivas para invertir a gran escala en la Faja del Orinoco.
La industria petrolera venezolana atraviesa un momento de transición marcado por una mayor apertura al capital internacional, el levantamiento de restricciones por parte de Estados Unidos y el regreso escalonado de compañías extranjeras a proyectos de petróleo y gas. Sin embargo, los avances concretos aún son modestos y las empresas mantienen una postura cautelosa ante las condiciones regulatorias y fiscales vigentes.
Así lo refleja un análisis de Bloomberg Línea publicado el 22 de agosto de 2026, que repasa los principales movimientos del sector tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de este año. Desde entonces, la administración Trump ha ampliado las autorizaciones para que empresas internacionales operen, negocien contratos e inviertan en el país caribeño.
En marzo, Washington emitió una licencia general que amplió significativamente las operaciones de empresas estadounidenses con Petróleos de Venezuela (PDVSA). Paralelamente, el nuevo marco venezolano de hidrocarburos, aprobado a finales de enero, abrió mayores espacios para la participación privada. No obstante, la respuesta de las compañías ha sido medida, a la espera de señales más claras sobre la estabilidad institucional y los términos contractuales.
Chevron lidera el incremento, pero pide más cambios
Chevron, la principal compañía estadounidense activa en el país, ha logrado aumentar su producción en las empresas mixtas con PDVSA hasta cerca de 280.000 barriles diarios durante el primer semestre de 2026. La empresa estima que en los próximos 18 a 24 meses podría elevar ese volumen en un 15%, aunque su propio CEO, Mike Wirth, reconoció en marzo que todavía se necesitan cambios sustanciales para atraer inversiones de mayor escala.
El informe de Bloomberg Línea destaca que el aumento de producción sigue siendo insuficiente frente a las necesidades de recuperación de la industria. Según el reciente reporte de la OPEP, la producción venezolana ronda actualmente los 1,2 millones de barriles diarios, muy por debajo de los niveles históricos, mientras persisten graves restricciones de infraestructura y una capacidad de refinación que apenas alcanza los 200.000 barriles diarios operativos, frente a una instalada de 1,25 a 1,3 millones.
Gas offshore: el acuerdo de BP como señal positiva
En el sector gasífero, la noticia más reciente es el acuerdo alcanzado por BP, XRG y UCC para desarrollar la segunda fase del campo offshore Loran, que cuenta con acceso a unos 4 TCF (billones de pies cúbicos) de gas recuperable. Este proyecto se suma a la primera fase que ya había asumido Shell, lo que indica un interés renovado por los recursos no convencionales de la plataforma continental venezolana.
El desarrollo del gas adquiere especial relevancia no solo como oportunidad de exportación, sino también como insumo clave para recuperar la generación termoeléctrica y, con ella, la capacidad productiva de todo el aparato industrial del país.
La Faja del Orinoco y el factor de recobro
Uno de los puntos centrales del análisis de Bloomberg Línea recupera las perspectivas planteadas por el exministro de Energía y Minas, Humberto Calderón Pietri, durante un webinar sobre el sector petrolero celebrado a mediados de agosto. Según Calderón, la recuperación de la industria deberá concentrarse en buena medida en la Faja del Orinoco, donde se encuentra el grueso de los recursos de crudo pesado.
El principal desafío técnico es elevar el factor de recobro, que actualmente se estima en apenas un 6% o 7%. Cada punto porcentual adicional representa millones de barriles recuperables, por lo que la investigación y la incorporación de tecnología serán determinantes. Calderón recordó casos de pozos que pasaron de producir unos 150 barriles diarios a 600 mediante inyección de vapor, y luego alcanzaron entre 1.800 y 2.000 barriles diarios con perforación horizontal y multilateral.
Reglas fiscales poco competitivas
Otro obstáculo señalado es la estructura fiscal actual. Calderón considera que una regalía del 30%, combinada con otros tributos y un Impuesto sobre la Renta del 50%, limita el atractivo para las grandes compañías internacionales en proyectos complejos como los de la Faja. Su propuesta es avanzar hacia una Ley de Hidrocarburos que establezca una regalía del 20% como tope, con flexibilidad para reducirla según las condiciones económicas de cada proyecto.
Las propias empresas internacionales han advertido que aún existen elementos regulatorios y contractuales que deben resolverse antes de comprometer inversiones de gran magnitud. La apertura promovida por Estados Unidos y el interés renovado de las compañías han cambiado el escenario, pero los primeros acuerdos no equivalen todavía a una reconstrucción de la industria.
Campos maduros y oportunidad para operadores privados
Mientras los grandes proyectos requieren inversiones de miles de millones de dólares, una parte de la recuperación podría producirse más rápidamente en los campos maduros. Calderón señaló que solo en la región de Oriente existen más de 70 campos y unos 3.000 yacimientos, muchos de ellos demasiado pequeños para las grandes compañías pero potencialmente atractivos para operadores privados venezolanos.
En este punto, identificó una oportunidad para los profesionales venezolanos que han trabajado durante años en el exterior. La propuesta es crear mecanismos que les permitan regresar como empresarios y operadores, aprovechando su experiencia y conocimiento técnico además de su capacidad financiera. Según estimaciones citadas, los campos maduros de Oriente podrían eventualmente alcanzar alrededor de 500.000 barriles diarios.
Recuperación de infraestructura: el gran pendiente
La magnitud del deterioro explica por qué el crecimiento no será inmediato. En refinación, Calderón estima que apenas 200.000 barriles diarios están disponibles frente a una capacidad histórica de 1,25 a 1,30 millones. Su propuesta es reconstruir y modernizar las refinerías existentes con participación privada, en lugar de comenzar nuevos proyectos desde cero.
Algo similar ocurre con la infraestructura petrolera del lago de Maracaibo y con los servicios asociados a la producción. La recuperación de los barriles requerirá simultáneamente recuperar taladros, equipos, instalaciones, servicios petroleros y proveedores nacionales. El desafío de los próximos meses será convertir la apertura actual en inversiones efectivas y en una recuperación sostenida de la producción, en un contexto donde las condiciones para atraer capital aún están en discusión.