La industria textil profundiza su crisis: caen las ventas, se tensiona la cadena de pagos y se pierde empleo

El sector acumula meses de retracción, con exceso de stock, dificultades financieras y un deterioro sostenido del mercado laboral.

La industria textil atraviesa un escenario cada vez más complejo, marcado por la persistente caída de la demanda y sus efectos sobre toda la cadena productiva. En el inicio de 2026, los indicadores del sector confirman una profundización de la crisis, con retrocesos en las ventas, acumulación de stock, dificultades en los pagos entre empresas y un impacto creciente en el empleo.

Durante el primer bimestre del año, las ventas registraron una baja interanual del 8,4%, en un contexto en el que más del 60% de las empresas reportó caídas en su nivel de actividad. Esta dinámica no es nueva, sino que se inscribe en una tendencia sostenida: en 12 de los últimos 13 relevamientos bimestrales se observaron descensos en las ventas, lo que evidencia la falta de recuperación del sector en el mediano plazo.

La caída del consumo interno aparece como el principal factor explicativo de esta situación, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y ajuste económico. A su vez, la apertura de importaciones suma presión sobre la industria local, que enfrenta mayores dificultades para competir en precios y sostener niveles de producción. En este marco, ocho de cada diez empresas identifican la falta de demanda como el principal problema que condiciona su desempeño.

Según Ámbito, uno de los aspectos más preocupantes es el deterioro de la cadena de pagos, con un fuerte incremento de empresas que presentan atrasos en sus obligaciones. En apenas dos meses, se redujo significativamente la proporción de firmas sin demoras, al tiempo que crecieron los casos de incumplimientos ocasionales, reflejando un aumento del estrés financiero en el sector.

A este escenario se suma la acumulación de inventarios, producto de una producción que no logra encontrar salida en el mercado. La mitad de las empresas declara tener niveles de stock elevados, el registro más alto desde mediados de 2024, lo que limita aún más la capacidad de sostener la actividad. Además, muchas firmas enfrentan dificultades para trasladar los aumentos de costos a los precios finales, lo que reduce sus márgenes de rentabilidad.

En paralelo, los datos de producción muestran una fuerte contracción. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en niveles bajos, con caídas significativas en la fabricación de tejidos y en la producción de hilados de algodón, lo que refleja una menor actividad industrial en toda la cadena textil.

El impacto de esta crisis también se hace visible en el mercado laboral. Entre las principales estrategias adoptadas por las empresas se destacan la no reposición de personal ante renuncias y el incremento de los despidos, lo que marca un deterioro en la situación del empleo en el sector. Esta tendencia se vincula directamente con la caída de la actividad y la necesidad de ajustar costos frente a un escenario de ventas deprimidas.

De cara a los próximos meses, las expectativas empresariales tampoco muestran señales de mejora. Una parte significativa de las compañías anticipa que la situación económica se mantendrá sin cambios o incluso empeorará, mientras que solo una minoría proyecta una recuperación en sus ventas.

En este contexto, la industria textil enfrenta un panorama desafiante, atravesado por la debilidad del mercado interno, la presión competitiva externa y las restricciones financieras. La evolución del consumo y de las condiciones macroeconómicas será determinante para definir si el sector logra estabilizarse o continúa profundizando su caída.