Caputo volvió a defender la apertura y cuestionó los precios de la indumentaria local

El ministro de Economía relativizó el impacto del proteccionismo sobre el empleo textil y sostuvo que la competencia externa beneficia al consumidor. Sus dichos reavivaron el cruce con el sector en plena crisis productiva.

En un contexto de mayor apertura comercial y retracción de la actividad industrial, el ministro de Economía, Luis Caputo, reavivó la discusión sobre el costo de la indumentaria en el país y defendió la liberalización de importaciones como una herramienta para mejorar los precios al consumidor. En declaraciones radiales, afirmó que nunca compró ropa en el mercado local por considerar que los valores estaban muy por encima de los estándares internacionales.

Caputo sostuvo que el sector textil fue protegido durante décadas bajo el argumento de preservar puestos de trabajo, pero que ese esquema terminó trasladando costos excesivos al conjunto de la población. A su entender, millones de argentinos pagaron prendas y calzado a valores varias veces superiores a los del mercado global, lo que redujo el poder adquisitivo y el consumo en otros rubros.

El ministro planteó que una mayor competencia permitiría reasignar recursos hacia otras actividades. Como ejemplo, señaló que si una prenda cuesta una fracción de su valor actual, ese ahorro puede volcarse a servicios o consumo en otros sectores, generando un efecto multiplicador en la economía. También diferenció los eslabones de la cadena: consideró que la Argentina puede ser competitiva en hilados, por su base productiva y energética, pero reconoció mayores dificultades en la confección frente a países con costos laborales significativamente más bajos.

Las declaraciones se dieron en línea con lo expresado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien remarcó la brecha entre los precios locales y los internacionales y cuestionó que la importación de prendas implique necesariamente una pérdida de empleo. Este enfoque fue recogido y amplificado por distintos medios nacionales, entre ellos Infobae.

Desde el sector de la indumentaria, la respuesta no se hizo esperar. Empresarios y cámaras textiles señalaron que los precios finales responden a una estructura de costos elevada, donde los impuestos explican cerca de la mitad del valor de una prenda. A eso se suman alquileres comerciales, costos financieros, logística y márgenes de comercialización, mientras que una porción menor corresponde a la industria en sí.

El debate se produce en un escenario complejo para la actividad. En las últimas semanas se registraron cierres de plantas, despidos y recortes de producción en empresas vinculadas al calzado y la indumentaria. Según datos difundidos por la Fundación Pro Tejer, con base en estadísticas del INDEC, la producción textil mostró una de las contracciones más profundas de la industria manufacturera, con caídas interanuales superiores al 30% y niveles de utilización de la capacidad instalada históricamente bajos.

Desde la entidad advirtieron que el deterioro del poder adquisitivo limita el consumo tanto de productos nacionales como importados, y explicaron que la debilidad de la demanda interna es uno de los principales factores detrás del bajo dinamismo industrial. En ese marco, el cruce entre el Gobierno y el sector textil vuelve a exponer las tensiones entre la estrategia de apertura comercial y la situación de una industria golpeada por la recesión.