Alertan sobre menor eficacia de un insecticida clave contra el gusano cogollero
Investigadores detectaron una disminución en la sensibilidad de la plaga al clorantraniliprole en el norte de Santa Fe. El hallazgo plantea la necesidad de revisar las estrategias de manejo en maíz y soja.
Un reciente estudio realizado por investigadores del INTA encendió una señal de alerta en el manejo del gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), una de las plagas más problemáticas para los cultivos de maíz y soja en la región. El trabajo confirmó que una población detectada en el norte de Santa Fe presenta una menor sensibilidad al clorantraniliprole, uno de los insecticidas más utilizados para su control. El hallazgo fue reportado en un informe de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), que advierte sobre la necesidad de revisar las estrategias actuales frente a la creciente presión que ejerce esta plaga en los sistemas productivos.
El análisis fue desarrollado por equipos de investigación del INTA Marcos Juárez y del INTA Reconquista, que evaluaron el comportamiento de una población de cogollero recolectada en septiembre de 2025 en la zona de Reconquista. Los resultados mostraron que la dosis necesaria para eliminar al 50% de los insectos –conocida como dosis letal media– fue considerablemente más alta que en otras poblaciones estudiadas. En concreto, la cantidad requerida resultó 21 veces mayor que la registrada en Marcos Juárez y nueve veces superior a la observada en la localidad de La Cocha.
Este fenómeno se suma a otro proceso detectado en los últimos años: la pérdida de eficacia de ciertos maíces Bt que contienen la proteína Vip3Aa20, incorporada a la biotecnología del cultivo en 2011 para controlar el cogollero. Durante más de una década esa herramienta permitió mantener la plaga bajo control, pero en campañas recientes comenzaron a registrarse daños mayores a los esperados en algunas regiones, lo que llevó a aumentar la dependencia de los insecticidas químicos.
Según detalla el informe difundido por TodoAgro, el clorantraniliprole pertenece al grupo de las diamidas y es considerado una herramienta clave para el manejo del cogollero debido a su modo de acción específico y a su buen perfil ambiental. Sin embargo, su uso extendido tanto en maíz como en soja incrementa la presión de selección sobre la plaga, lo que favorece la aparición de poblaciones menos sensibles al producto.
Frente a este nuevo escenario, los especialistas recomiendan fortalecer el monitoreo de los cultivos y ajustar las estrategias de manejo integrado. En particular, sugieren reducir los intervalos de seguimiento de los lotes durante períodos de altas temperaturas y aplicar tratamientos únicamente cuando la dinámica poblacional de la plaga lo justifique.
El momento de la intervención también resulta determinante para lograr un control efectivo. Los técnicos señalan que las aplicaciones deben realizarse cuando predominan larvas pequeñas sobre las hojas y cuando entre el 10% y el 20% de las plantas presentan daños de nivel intermedio según la escala de evaluación utilizada en el cultivo de maíz. Cuando las larvas ya se encuentran dentro del cogollo, la eficacia del tratamiento se reduce considerablemente.
Además del momento de aplicación, otros factores técnicos influyen en los resultados del control químico. El tamaño de gota, la cobertura del cultivo, la estabilidad de la mezcla y la reducción de la deriva pueden marcar diferencias significativas en la eficacia de los tratamientos, que en algunos casos pueden variar desde niveles cercanos al 95% hasta apenas un 20%.
Otro aspecto clave señalado por los especialistas es la rotación de modos de acción. Esto implica evitar el uso repetido de insecticidas con el mismo mecanismo dentro de una misma ventana generacional de la plaga, que suele extenderse alrededor de treinta días. La rotación de principios activos es considerada fundamental para reducir la presión de selección y retrasar la aparición de resistencias.
Los investigadores destacan que este tipo de estudios permite anticipar problemas antes de que se vuelvan generalizados y brinda información valiosa para diseñar estrategias de manejo más sustentables. En ese sentido, advierten que la detección temprana de poblaciones menos sensibles debe interpretarse como una señal para actuar preventivamente y ajustar las prácticas de control antes de que el fenómeno se profundice.