El agro enfrenta nuevos costos por la suba del petróleo y los insumos tras la crisis en Medio Oriente
El encarecimiento de la energía impacta en fertilizantes y granos, generando mayor incertidumbre en la planificación de la próxima campaña.
La escalada del conflicto en Medio Oriente comenzó a tener efectos directos sobre el sector agropecuario, al alterar los precios internacionales de la energía y, en consecuencia, de los principales insumos productivos. En pocas semanas, el aumento del petróleo generó un encadenamiento de subas que impacta tanto en los costos como en las decisiones de producción, configurando un escenario de mayor volatilidad para los productores.
El primer impacto se registró en el mercado energético, con el precio del crudo Brent nuevamente por encima de los 100 dólares por barril. Esta suba responde al temor de que el conflicto afecte el suministro global, especialmente ante posibles interrupciones en rutas estratégicas del Golfo Pérsico, por donde circula una porción significativa del comercio mundial de petróleo. Dado que el agro depende fuertemente de la energía para el funcionamiento de maquinaria, el transporte y la logística, el aumento se traslada rápidamente a toda la cadena productiva.
En este contexto, uno de los efectos más inmediatos se observa en los fertilizantes, particularmente los nitrogenados, cuya producción está estrechamente vinculada al precio del gas natural. La urea, uno de los insumos más utilizados a nivel global, registró incrementos cercanos al 20% en pocas semanas, ubicándose en valores que rondan entre 585 y 600 dólares por tonelada. A su vez, los fertilizantes fosfatados también mostraron subas significativas, con el fosfato monoamónico (MAP) alcanzando niveles elevados en los mercados internacionales.
Según TodoAgro, esta dinámica responde a la fuerte concentración de la producción de fertilizantes en regiones asociadas al suministro energético del Golfo Pérsico, lo que vuelve al sector especialmente sensible a los movimientos geopolíticos. Cuando aumentan los costos del gas o se generan dificultades logísticas en esa zona, el impacto se traslada rápidamente a los precios de los nutrientes agrícolas.
En paralelo, el mismo contexto que eleva los costos productivos también impulsa al alza las cotizaciones de los granos. La soja alcanzó su valor más alto en casi dos años, mientras que el maíz y el trigo también registraron mejoras, en un escenario donde la incertidumbre energética y el encarecimiento de la logística tienden a reflejarse en el precio final de los alimentos.
Sin embargo, este doble efecto —mayores precios de venta pero también mayores costos— genera un cambio en la ecuación económica del sector. De cara a la campaña 2026/27, comienzan a aparecer señales de ajuste en las decisiones productivas, especialmente en cultivos que requieren altos niveles de fertilización, como el maíz y el trigo. En estos casos, los incrementos en los costos por hectárea podrían llevar a modificar estrategias, ya sea reduciendo dosis de insumos o alterando los esquemas de rotación.
En distintas regiones productivas ya se perciben estas reacciones. Algunos productores optan por postergar la compra de fertilizantes ante la incertidumbre sobre la evolución de los precios, mientras que cooperativas y asesores técnicos comienzan a recomendar ajustes en las aplicaciones. Estas decisiones podrían traducirse en menores rendimientos en la próxima campaña si la situación se mantiene.
En este escenario, el sector agropecuario enfrenta un contexto marcado por la inestabilidad internacional, donde las variables externas adquieren un peso determinante en la planificación productiva. La evolución del conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los mercados energéticos será clave para definir el rumbo de los costos y la rentabilidad en los próximos meses.