Frigoríficos bajo presión: suben los costos, cae la actividad y se reduce la rentabilidad

El encarecimiento del ganado y la debilidad del consumo complican al sector. También se registran caídas en la faena y tensiones en la cadena de pagos.

La industria frigorífica atraviesa un inicio de año marcado por dificultades crecientes que afectan su nivel de actividad y su rentabilidad. El aumento en el precio del ganado, sumado a un consumo interno debilitado y obstáculos en el frente externo, configura un escenario de fuerte presión para el sector.

Uno de los principales factores que explican esta situación es el encarecimiento de la hacienda en pie, que en los últimos meses mostró subas por encima de la inflación. Este incremento impacta directamente en los costos de producción, dificultando que los frigoríficos puedan trasladarlos a los precios finales, tanto en el mercado local como en las exportaciones.

En paralelo, la actividad muestra signos de retracción. La producción de carne bovina registró una caída en los primeros meses del año, con una disminución sostenida en la faena que responde, en parte, a un cambio en el ciclo ganadero. La menor disponibilidad de animales, asociada a estrategias de retención por parte de los productores, reduce la oferta inmediata para la industria.

Según detalla Ámbito, esta dinámica beneficia a los criadores, pero genera tensiones en los eslabones industriales de la cadena, donde los márgenes se ven cada vez más ajustados. En este contexto, algunas empresas comenzaron a reducir operaciones o personal como forma de adaptación.

A nivel interno, el consumo continúa sin repuntar, lo que agrava la situación. Además, empiezan a evidenciarse problemas en la cadena de pagos, con demoras en los cobros y un aumento de la morosidad, lo que añade incertidumbre financiera para las empresas del sector.

En el plano internacional, si bien los precios de exportación mostraron cierta mejora en términos interanuales, los volúmenes enviados al exterior presentan caídas, lo que limita la capacidad de compensar la debilidad del mercado interno.

El impacto también se traslada a los precios al consumidor. En el último año, la carne vacuna registró aumentos muy por encima del promedio inflacionario, lo que redujo su competitividad frente a otras proteínas como el pollo o el cerdo.

A este escenario se suma un crecimiento del financiamiento, especialmente en dólares, aunque el nivel de endeudamiento del sector sigue siendo relativamente bajo en comparación con otras actividades agroindustriales.

De cara a los próximos meses, las expectativas del sector están puestas en la posibilidad de ampliar mercados externos, particularmente a través de acuerdos comerciales que permitan incrementar exportaciones. Sin embargo, en el corto plazo, la principal preocupación sigue siendo sostener la actividad en un contexto donde los costos aumentan, la oferta se reduce y los márgenes continúan en retroceso.