La colza vuelve a ganar terreno con nuevas variedades y potencial energético

El cultivo reaparece como alternativa en el centro del país, con mejoras genéticas que amplían su uso en alimentación y biocombustibles.

La colza vuelve a posicionarse como una alternativa productiva en la agricultura argentina, impulsada por el desarrollo de nuevas variedades que mejoran su rendimiento y amplían sus posibilidades de uso. A pocos días del inicio de la ventana de siembra de las variedades invernales, especialistas del sector destacan que el cultivo recupera competitividad tanto en el plano alimentario como en el energético, en un contexto de búsqueda de diversificación productiva.

Según referentes técnicos del sector agroindustrial, las innovaciones genéticas modificaron sustancialmente el perfil del cultivo respecto a experiencias previas, permitiendo mayores niveles de adaptación a distintas regiones del centro del país. En este escenario, la colza vuelve a insertarse en esquemas productivos como una opción viable en rotaciones agrícolas, especialmente en lotes liberados tempranamente tras cultivos como maíz, girasol o soja de ciclo corto.

Las nuevas variedades presentan rendimientos que oscilan entre 3.000 y 3.500 kilos por hectárea, con versiones tanto invernales como primaverales. En particular, las variedades invernales muestran mayor potencial de rendimiento cuando son implantadas en fecha, ya que logran atravesar el invierno en estado de roseta, lo que favorece su desarrollo posterior. A esto se suma su versatilidad de destino, ya que sus granos pueden utilizarse tanto para consumo como para la producción de biocombustibles.

En esa línea, el cultivo se inserta en una tendencia más amplia vinculada a la producción de energías alternativas. Especies como la carinata y la camelina, también pertenecientes al grupo de las crucíferas, se posicionan como opciones específicas para la generación de biocombustibles, lo que amplía el abanico de oportunidades para los productores.

Desde el punto de vista agronómico, los especialistas remarcan la importancia de un manejo adecuado, tanto en la etapa de implantación como en el control de plagas y la nutrición del cultivo. La colza presenta una alta capacidad de extracción de nutrientes, lo que exige una planificación precisa en la fertilización, con especial énfasis en el aporte de nitrógeno, fósforo y azufre. Asimismo, durante su desarrollo puede verse afectada por insectos como trips, pulgones e isocas, así como por enfermedades fúngicas, lo que requiere estrategias de monitoreo y control oportuno.

El regreso de la colza se produce en un contexto en el que los sistemas productivos buscan alternativas que combinen rentabilidad, sustentabilidad y diversificación. En ese marco, la mejora genética y la posibilidad de integrarse a cadenas de valor vinculadas tanto a la alimentación como a la energía posicionan nuevamente a este cultivo como una opción relevante dentro del esquema agrícola argentino.