Paraguay prevé una menor siembra de trigo, pero espera mejores precios en 2026
El avance del maíz, la cosecha tardía de soja y el stock remanente en los silos reducirían el área destinada al cereal. Capeco busca sostener al menos 300.000 hectáreas y observa señales favorables en el mercado internacional.
La campaña de trigo 2026 en Paraguay estaría marcada por una reducción del área sembrada, aunque las perspectivas de precios generan expectativas favorables entre los productores. El avance del maíz en el norte del país, la cosecha tardía de soja zafriña y la permanencia de cereal de la campaña anterior en los silos aparecen como los principales factores que limitan la expansión del cultivo.
La Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas busca evitar que la superficie triguera caiga por debajo de las 300.000 hectáreas. Su consultor internacional, Mohan Kohli, señaló que esa cifra constituye la meta mínima para una campaña atravesada por restricciones productivas y decisiones cada vez más ajustadas en el calendario agrícola.
Uno de los principales condicionantes se encuentra en el norte paraguayo, donde el maíz ocupó una parte importante de las tierras disponibles y dejó menos espacio para los cultivos de invierno. A esto se suma que la cosecha de soja zafriña todavía se encontraba en marcha en distintas zonas, reduciendo el tiempo disponible para sembrar trigo en condiciones adecuadas.
Kohli explicó que una implantación tardía puede retrasar la cosecha hasta octubre y afectar la posterior siembra de soja. Comenzar ese cultivo en octubre suele traducirse en menores rendimientos, por lo que muchos productores prefieren evitar una rotación que pueda comprometer la campaña principal.
La existencia de trigo almacenado en algunos silos también desalienta nuevas inversiones. El stock remanente presiona sobre las decisiones comerciales y genera dudas entre quienes deben definir si destinan sus lotes al cereal o eligen otras alternativas con mejores condiciones de comercialización.
Otro aspecto relevante es la disponibilidad de semillas adaptadas a las condiciones locales. Paraguay depende actualmente de materiales provenientes de Brasil debido a los problemas que afectaron la producción nacional durante los últimos años.
En 2018 fue liberada la variedad Itapúa 90, pero dos heladas intensas golpearon severamente las zonas destinadas a la producción de semillas. Posteriormente, en 2021, se presentaron las variedades Itapúa 100, 105 y 110, aunque inconvenientes relacionados con su pureza impidieron que llegaran de manera masiva a los agricultores.
La empresa Genepar, integrada por la Cooperativa Colonias Unidas y Agro Santa Rosa, trabaja actualmente en la multiplicación de semillas madre de cuatro nuevas variedades nacionales. La previsión es que estos materiales puedan estar disponibles para los productores a partir de 2027.
Las condiciones climáticas también serán determinantes para el resultado de la campaña. Los pronósticos anticipan un año influenciado por El Niño, con lluvias superiores a los niveles habituales y temperaturas elevadas durante la primavera.
Ese escenario puede favorecer la aparición de enfermedades en las espigas. Aunque las variedades paraguayas presentan una buena resistencia frente a las enfermedades foliares, el riesgo aumenta durante las etapas de floración y llenado de granos.
Frente a estas condiciones, Kohli recomendó realizar aplicaciones preventivas de manera oportuna. La demora en los tratamientos podría afectar tanto el rendimiento como la calidad comercial del trigo.
A pesar de la reducción prevista en la superficie sembrada, el cereal paraguayo conserva una ventaja vinculada con su calidad panadera. Sus características lo diferencian de muchas variedades de genética francesa utilizadas en Argentina y lo convierten en un producto valorado por los molinos de la región.
Brasil compra trigo paraguayo desde hace décadas y lo mezcla con su producción local para mejorar la calidad de la harina. En los últimos años, los molinos argentinos también comenzaron a mostrar interés en utilizar el cereal paraguayo con ese mismo objetivo.
Las perspectivas de precios son otro de los elementos que sostienen las expectativas para 2026. La superficie destinada al trigo también estaría disminuyendo en Brasil y Argentina, lo que podría reducir la oferta regional.
En Estados Unidos, las bajas temperaturas y la sequía afectaron distintos cultivos de trigo. Para Kohli, la combinación de menores áreas sembradas en Sudamérica y dificultades climáticas en otros grandes productores podría generar valores atractivos durante la campaña.
Las operaciones de venta a futuro todavía no se encuentran consolidadas en el mercado triguero paraguayo. El principal obstáculo es la incertidumbre climática, ya que las condiciones meteorológicas pueden modificar tanto el volumen obtenido como la calidad final del grano.
Pese a estas dificultades, el escenario internacional podría beneficiar a los productores que logren completar la campaña y conservar cereal para comercializar en momentos de mayor demanda. La evolución del clima, el ritmo de la cosecha de soja y la respuesta de los precios serán las variables decisivas para determinar el resultado del trigo paraguayo en 2026.