El auge de la inteligencia artificial enciende alertas por una posible corrección brusca

Aunque las perspectivas de largo plazo del sector siguen siendo favorables, crecen las advertencias por el alto nivel de concentración, el posicionamiento sobrecomprado, el avance de los ETF apalancados y la volatilidad en las acciones vinculadas a semiconductores e infraestructura tecnológica.

El boom de la inteligencia artificial empieza a ingresar en una zona de mayor riesgo para los mercados. Si bien las expectativas de largo plazo en torno a esta tecnología se mantienen sólidas, distintos operadores y estrategas advierten que el escenario de corto plazo se volvió más complejo por la fuerte concentración de apuestas, los niveles de posicionamiento y el aumento de la volatilidad en las acciones más vinculadas al sector.

Los episodios recientes de inestabilidad en torno a las compañías expuestas a la IA podrían transformarse en una corrección más profunda, especialmente porque muchos inversores llegan al mismo tiempo y en la misma dirección a operaciones que ya muestran señales de saturación. El fenómeno se concentra sobre todo en empresas de semiconductores, infraestructura tecnológica, memoria, servidores, componentes ópticos y redes.

Según el análisis publicado por Bloomberg Línea, el entusiasmo por la inteligencia artificial continúa intacto como tendencia estructural, pero el mercado comienza a mostrar condiciones más frágiles en el corto plazo. Entre los factores de riesgo aparecen las posiciones sobrecompradas, el uso creciente de apalancamiento en fondos cotizados, la actividad de cobertura vinculada a opciones y el aumento simultáneo de precios y oscilaciones en el sector de chips.

Bobby Molavi, socio de Goldman Sachs Group Inc., advirtió que prácticamente todos los segmentos del mercado están aumentando su exposición a la IA: fondos activos y pasivos, hedge funds, estrategias cuantitativas, instituciones e inversores particulares. Para el analista, esa coincidencia de estrategias puede ser favorable durante la suba, pero muy peligrosa si el mercado entra en una fase de corrección.

El punto de preocupación es que la correlación entre distintas estrategias de inversión amplifica tanto los movimientos positivos como los negativos. Cuando todos los actores compran activos similares, la tendencia alcista puede acelerarse. Pero si se produce una toma de ganancias generalizada, el ajuste también puede profundizarse con rapidez.

Molavi comparó el clima actual con los últimos meses de la burbuja puntocom, cuando los inversores llegaron a naturalizar movimientos bruscos de alrededor del 5%. El interrogante, según planteó, es qué ocurriría si las caídas superaran el 10% y el mercado no encontrara un piso claro.

A las dudas sobre el posicionamiento se suman los interrogantes sobre la rentabilidad futura de las grandes inversiones realizadas por las compañías hiperescalables. Estas empresas destinaron enormes montos a infraestructura vinculada con inteligencia artificial, pero el mercado comienza a preguntarse si los beneficios esperados podrán justificar semejante nivel de gasto.

Esta preocupación se intensifica porque esas inversiones se están financiando mediante nuevas emisiones de acciones y deuda de gran magnitud. Al mismo tiempo, las expectativas de beneficios a largo plazo para los fabricantes de chips se mantienen elevadas, lo que abre una discusión sobre si esas proyecciones son realistas o si ya descuentan un escenario demasiado optimista.

Uno de los focos más sensibles es la rápida expansión de los ETF apalancados. Estos fondos acumulan activos por alrededor de US$200.000 millones y cada movimiento del 1% en el índice subyacente puede generar un reequilibrio cercano a US$9.000 millones en la misma dirección. Ese mecanismo, asociado a un fuerte efecto de gamma corto, puede profundizar los movimientos del mercado.

El problema se agrava porque cerca del 85% de esos ETF está vinculado a estrategias tecnológicas o impulsadas por momentum. Esto significa que buena parte del apalancamiento se concentra en los mismos sectores que ya lideraron las subas recientes, aumentando el riesgo de oscilaciones más violentas si cambia el sentimiento de los inversores.

Charlie McElligott, estratega de activos cruzados de Nomura, describió la tendencia de la inteligencia artificial como una especie de máquina de movimiento perpetuo. La combinación poco habitual de precios en alza y mayor volatilidad en segmentos como chips, memoria, servidores, componentes ópticos y redes alimenta las ponderaciones de mercado y genera un poderoso bucle de retroalimentación.

En ese esquema, mientras más suben las acciones vinculadas a IA, más peso adquieren en índices y carteras. A su vez, ese mayor peso atrae nuevos flujos de inversión, que vuelven a impulsar los precios. El riesgo aparece cuando ese circuito se revierte y la presión compradora se transforma en ventas forzadas o tomas de ganancias aceleradas.

McElligott advirtió que los ETF apalancados están apostando por nuevas subas, una combinación que deja al mercado expuesto a una corrección abrupta incluso ante una toma de beneficios inicial que termine convirtiéndose en una caída más pronunciada.

La volatilidad realizada también aumentó de manera considerable. De acuerdo con el estratega de Nomura, si continúan los movimientos bruscos observados recientemente, los fondos de control de volatilidad podrían convertirse en vendedores relevantes. Sus estimaciones apuntan a posibles flujos de venta por US$21.000 millones en dos semanas si el S&P 500 registra movimientos diarios del 1%, y de US$41.000 millones si las variaciones alcanzan el 1,5%.

Las dudas en torno al sector también podrían acelerar una rotación hacia otras oportunidades de inversión. Algunos corredores principales, incluidos los de UBS Group AG, ya observan que ciertos fondos de cobertura comenzaron a reducir su exposición a operaciones demasiado masificadas, con el objetivo de diversificar sus carteras y disminuir el riesgo de concentración.

Los estrategas de UBS, liderados por Gerry Fowler, señalaron que el cambio más importante se produjo en la confianza. Según su análisis, los inversores reconocen cada vez más que muchas operaciones vinculadas a la IA están saturadas y que existe una dinámica de “todos en el mismo barco”. En ese contexto, crecen las preguntas sobre cuánto potencial alcista queda frente al riesgo asumido.

Aunque el mercado sigue creyendo en el potencial transformador de la inteligencia artificial, algunos fondos de cobertura ya comenzaron a recortar exposición. Para UBS, esto refleja una mayor cautela frente a posiciones caras, concentradas y dependientes de nuevas revisiones positivas en la cadena de suministro tecnológica.

El equipo de Fowler también advirtió que las revisiones al alza en inversión de capital podrían moderarse a medida que la actividad alcance una especie de límite de velocidad. Si eso ocurre, las compañías y segmentos con valuaciones exigentes, alta concentración de inversores y menores mejoras esperadas en la cadena de suministro podrían quedar más expuestos a rendimientos inferiores a los previstos.

El escenario no implica necesariamente el fin del ciclo de crecimiento de la inteligencia artificial. Sin embargo, sí marca una etapa de mayor vulnerabilidad financiera. La combinación de expectativas elevadas, operaciones masivas, instrumentos apalancados y volatilidad creciente hace que cualquier toma de ganancias pueda transformarse rápidamente en una corrección más severa.

En ese contexto, los mercados ingresan al verano boreal con un clima de mayor cautela. La inteligencia artificial sigue siendo uno de los grandes motores de inversión global, pero el consenso cada vez más extendido en torno a la misma apuesta empieza a ser visto como un factor de riesgo, especialmente si los flujos que impulsaron la suba comienzan a revertirse.