El oro cae por las tensiones con Irán y las expectativas de tasas más altas
El metal retrocedió hasta un 1,6% y quedó por debajo de los US$4.050 la onza, encaminándose a su tercera jornada consecutiva de pérdidas. La suba del petróleo y el fortalecimiento del dólar aumentaron la presión sobre el mercado.
El oro volvió a operar en baja después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara que el alto al fuego con Irán había terminado. Sus declaraciones reactivaron el temor a una escalada militar, un nuevo incremento del precio de la energía y una mayor presión inflacionaria.
El metal llegó a caer hasta un 1,6% y se ubicó por debajo de los US$4.050 la onza, con lo que se encaminaba a completar su tercera jornada consecutiva de pérdidas.
Durante una conferencia de prensa en Ankara, Trump sostuvo que el alto al fuego con Irán había “terminado” y lo calificó como una “pérdida de tiempo”. Sus palabras se conocieron después de que Estados Unidos realizara nuevos ataques contra territorio iraní y revocara una exención que permitía la venta de petróleo de ese país.
La decisión se produjo luego de ataques iraníes contra buques mercantes y generó una fuerte suba en la cotización del petróleo. El encarecimiento de la energía elevó las expectativas de que la inflación pueda permanecer en niveles altos durante más tiempo.
Este escenario podría llevar a la Reserva Federal de Estados Unidos a sostener las tasas de interés elevadas o incluso aplicar una nueva suba. Los operadores del mercado de swaps estiman actualmente una probabilidad superior al 30% de un incremento en la próxima reunión, frente a menos del 20% registrado el jueves anterior.
Las tasas altas suelen reducir el atractivo del oro, ya que el metal no genera intereses. Al mismo tiempo, el fortalecimiento del dólar encarece su compra para los inversores que utilizan otras monedas.
Ewa Manthey, estratega de materias primas de ING, explicó que una parte importante de la prima vinculada con el riesgo geopolítico ya se encuentra incorporada en la cotización. Por ese motivo, las nuevas tensiones estarían provocando principalmente ajustes de posiciones, en lugar de una entrada masiva de compradores en busca de refugio.
La analista sostuvo que la evolución del oro dependerá de la reacción de los inversores, del comportamiento de los rendimientos de los bonos y del sentimiento general de los mercados financieros.
El metal acumula una caída superior al 20% desde el comienzo de la guerra con Irán, a finales de febrero. La toma de ganancias interrumpió una tendencia alcista que se había prolongado durante tres años y llevó recientemente a la cotización por debajo de los US$4.000.
Pese a la corrección, todavía no se observan señales claras de que los inversores estén abriendo posiciones bajistas de gran escala para apostar a nuevas caídas.
La atención del mercado también está concentrada en la publicación de las actas correspondientes a la reunión de junio de la Reserva Federal. El documento podría ofrecer nuevas pistas sobre la trayectoria de las tasas de interés durante los próximos meses.
El oro había sufrido una fuerte baja después de esa reunión, debido a que el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, mostró una postura más restrictiva de lo esperado. Sin embargo, los datos laborales publicados posteriormente fueron más débiles que las proyecciones y modificaron parcialmente las expectativas monetarias.
Manthey consideró que la zona de US$4.000 podría volver a ser puesta a prueba si continúa la liquidación de posiciones. No obstante, señaló que para producirse una ruptura sostenida por debajo de ese nivel sería necesario un aumento de los rendimientos reales y una reducción más marcada de las expectativas de flexibilización monetaria.
El oro al contado retrocedía un 1,3% y se negociaba alrededor de US$4.054,53 la onza durante la jornada en Londres. La plata caía un 2%, hasta los US$58,77, mientras que el platino y el paladio también operaban en terreno negativo.
El índice que mide el comportamiento del dólar frente a una canasta de monedas registraba una leve suba, reforzando la presión sobre los metales preciosos.
En este contexto, el mercado seguirá de cerca la evolución del conflicto con Irán, el comportamiento del petróleo y las próximas señales de la Reserva Federal. Estos factores determinarán si el oro logra estabilizarse cerca de los US$4.000 o prolonga la tendencia bajista.