El INTA desarrolló dos nuevos cultivares de colza adaptados a la región pampeana

Se trata de Juana INTA y Floriana INTA, materiales con alto potencial de rendimiento, resistencia a enfermedades y buena adaptación a distintos ambientes, que estarán disponibles comercialmente a partir de 2027.

El INTA avanzó en el desarrollo de dos nuevos cultivares de colza en el marco de su Programa de Mejoramiento Genético, con el objetivo de responder a las demandas actuales del sistema productivo. Se trata de Juana INTA, de ciclo largo, y Floriana INTA, de ciclo intermedio a largo, ambos con buen comportamiento en distintos ambientes de la región pampeana.

Según se detalla en la información difundida por TodoAgro, estos materiales son el resultado de años de evaluación en redes de ensayos comparativos realizados en localidades como Oro Verde, Pergamino y Barrow, lo que permitió validar tanto su potencial de rendimiento como su respuesta favorable a estrategias de siembra temprana.

La coordinadora del programa de mejoramiento de colza del INTA, Lucrecia Gieco, destacó que los ensayos realizados a lo largo de varios ciclos agrícolas fueron determinantes para confirmar el desempeño agronómico de estos cultivares. En ese sentido, señaló que ambos materiales presentan un alto potencial productivo y una respuesta destacada frente a fechas de siembra tempranas, consideradas clave para maximizar los rendimientos del cultivo.

En cuanto a sus características específicas, Juana INTA se distingue por su ciclo largo, mientras que Floriana INTA presenta un ciclo intermedio a largo que le otorga mayor plasticidad frente a la fecha de siembra. Esta condición facilita su adaptación a distintos esquemas de rotación, lo que representa una ventaja en sistemas productivos que requieren flexibilidad en la planificación agrícola.

Uno de los ejes centrales del desarrollo de estos cultivares ha sido la incorporación de resistencia a enfermedades. En particular, ambos materiales fueron seleccionados por su buen comportamiento frente al cancro de la base del tallo, causado por el patógeno Plenodomus lingam. Para ello, se realizaron ensayos en condiciones controladas con inoculación artificial, así como evaluaciones en campo, lo que permitió validar su sanidad en diferentes contextos productivos.

Además, los nuevos cultivares presentan una excelente calidad en términos de contenido de materia grasa, un atributo relevante para la industria aceitera y que incrementa su valor comercial. En el caso de Floriana INTA, ya cuenta con registro en Uruguay, donde ha demostrado una muy buena adaptación y altos niveles de rendimiento en sistemas productivos locales.

En el contexto actual de producción agrícola, la elección del cultivar adquiere un rol estratégico para optimizar resultados. La selección de materiales adecuados al ambiente y a la fecha de siembra permite mejorar la estabilidad de los rendimientos, maximizar el aprovechamiento de recursos y reducir riesgos asociados a condiciones climáticas variables. En el caso de la colza, la disponibilidad de cultivares con buen comportamiento sanitario y ciclos adaptados resulta clave para acompañar prácticas como la siembra temprana.

En cuanto a su comercialización, las variedades desarrolladas por el INTA serán multiplicadas y distribuidas por la Cooperativa de Aranguren (COOPAR), mientras que Floriana INTA también será comercializada a través de un convenio con la empresa MegaAgro de Uruguay. Estas articulaciones buscan garantizar la disponibilidad de semillas de calidad y fortalecer la cadena productiva del cultivo en la región.

De acuerdo con las estimaciones del programa, ambos cultivares estarán disponibles comercialmente a partir de 2027. Con su incorporación, se sumarán a otros desarrollos previos del INTA, como Delfina INTA y Macacha INTA —disponibles en Argentina y Uruguay—, así como Guyunusa INTA y la propia Floriana INTA en el mercado uruguayo, consolidando la estrategia de mejoramiento genético orientada a la producción sustentable de colza.