Perú: Los granos andinos generan 5,4 millones de jornales y sostienen a más de 120.000 familias productoras
La producción nacional de quinua, kiwicha, cañihua y tarwi alcanzó las 153.400 toneladas en 2025, con un crecimiento del 6,1% frente al año anterior. Estos cultivos son clave para pequeños agricultores de distintas regiones andinas y dinamizan una amplia cadena de valor.
La producción de granos andinos continúa consolidándose como una actividad estratégica para miles de pequeños productores. La quinua, la kiwicha, la cañihua y el tarwi representan el sustento de más de 120.000 familias agricultoras, principalmente ubicadas en regiones como Puno, Ayacucho, Apurímac, Junín, Cusco, La Libertad, Arequipa, Huancavelica y Huánuco, entre otras.
Estos cultivos no solo tienen importancia productiva y alimentaria, sino también un fuerte impacto laboral. Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, la actividad genera alrededor de 5,4 millones de jornales en campo, además de diversos puestos de trabajo a lo largo de toda la cadena de valor.
Entre esas actividades se encuentran la asistencia técnica, la estiba, el transporte, la selección, la clasificación, el procesamiento, la comercialización y otras tareas vinculadas a la producción y distribución de estos alimentos.
En 2025, la producción nacional de granos andinos alcanzó las 153.400 toneladas, lo que representó un incremento del 6,1% en comparación con las 144.600 toneladas registradas en 2024. El crecimiento confirma el dinamismo de una actividad que combina tradición agrícola, demanda comercial y adaptación a las condiciones climáticas de las zonas altoandinas.
Dentro del conjunto de granos andinos, la quinua mantiene un rol predominante. Este cultivo representa cerca del 80% de la producción total y alrededor del 50% de su volumen se destina a la exportación. En cambio, la cañihua, la kiwicha y el tarwi tienen como principal destino el mercado interno.
Además de su valor económico, los granos andinos se destacan por su capacidad de adaptación frente al cambio climático. Su resistencia a condiciones adversas los convierte en cultivos relevantes para fortalecer la seguridad alimentaria y sostener la producción en territorios vulnerables.
La expansión de estos productos también contribuye a mejorar los ingresos de pequeños productores y sus familias, impulsando el desarrollo de economías locales y regionales. A través de su cadena de valor, los granos andinos generan empleo, agregan valor y fortalecen una producción vinculada a la identidad agrícola de las zonas andinas.
Con estos resultados, la producción de quinua, kiwicha, cañihua y tarwi se posiciona como una actividad clave para el desarrollo rural, la generación de empleo y la diversificación productiva, con impacto directo en miles de familias agricultoras.